Catalina despertó al día siguiente muchísimo más repuesta, tenía dentro de su estómago una sensación de emoción, que no podía ignorar. Se vistió con la mejor ropa que tenía y guardó paciente por la llegada de Don Emilio, se sentó sobre tu cama y fijó la vista hacia la puerta, expectante. Así trascurrió una hora y luego dos, y nada sucedía, durante la tercera hora Catalina se sintió mal, se sintió engañada y utilizada. “¿por qué Don Emilio le había mentido?”, estaba a punto de ponerse a llorar cuando oyó una voz familiar proveniente del pasillo, se levantó con rapidez y se paró frente a su puerta con el corazón desbocado. “¿podría ser…?” -¡Laura!- gritó Catalina cuando vio a su pequeña hermana correr por el pasillo de la servidumbre rumbo a sus brazos. Se agachó a su altura y la abrazó c

