Emilio se quedó mirando fijo a la pequeña pelirroja, y dio un suspiro hondo. Quería reprenderla y castigarla por haber besado a aquel muchacho, pero una ola de entendimiento vino a él antes que pudiera regañarla. Pensó en que Catalina era aún una jovencita, y tenía que vivir historias como aquella, primeros besos, primeros enamoramientos, si no ¿cómo iba adquirir experiencia, para ser su futura esposa?, decidió pasar por alto aquel incidente, y darle algo de libertad para experimentar, pero siempre bajo sus ojos. Y cuando algo pareciera ir más allá, él lo detendría. Esta vez pensó más como un padre como un prometido. Quitó la vista de los ojos color miel de Catalina y miró la ventanilla. -Tendrás permiso para salir a la ciudad una vez por semana, siempre acompañada de Nora. No quiero q

