Incluso empecé a sospechar que debía de haber algo que estuviese malo entre los trocitos de caviar o en las bebidas servidas, pues no podía ser que a todos les gustase todo, incluso yo tenía mis preferidos, y otros, que traje únicamente para rellenar el espacio y no dejar ninguna pared al desnudo. Era sorprendente, había escuchado sobre el existo artístico, pero no sabía lo que era ni cómo se sentía uno. Era como estar en familia, donde todos te adulaban reconocían por tu esfuerzo y la labor, aunque no hubiese conseguido terminar nada, pero en este caso, además, tenía mis obras acabas y presentadas. Una señora muy contenta se me acercó para hablar de precio, y sinceramente les dije que no tenía precio. Ella debió de entender, por su cara, que eran demasiado caro para su bolsillo y sin per

