Al principio iba acompañando a estas señoras que dedicaban su tiempo libre a los necesitados, iba en silencio sin atreverme a intervenir, pero poco a poco fui cogiendo confianza y era yo misma las que seguía aquellas conversaciones e incluso las iniciaba. Me sentía tan identificada con los mayores que visitaba, pues por todo lo que estaban pasando lo había pasado yo, lo que hacía que fuese muy fácil saber cuál era su situación, aunque todavía me quedaba saber ayudar, esa parte se encargaba aquellas señoras del curso religioso. Pero poco a poco me fui abriendo, entiendo que quedándome en casa podía hacer tan poco…, en cambio saliendo, hasta podía ayudar a otros. Bueno ayudar siempre lo había procurado hacer, sobre todo a mi familia, mi marido e hijos, en todo lo que había podido me había

