CAPÍTULO 1: El Cielo En Llamas

1423 Words
POV SEIYŪ (Narrador) El cielo sobre Jin-Wu no era un cielo, era un incendio de ambición. Las nubes se teñían de un naranja herrumbre, reflejándose en las fachadas de cristal de los rascacielos que se erigían como monumentos al ego de la familia Tanaka. A dos mil metros de altura, el zumbido de las hélices del Tanaka One cortaba el aire con la precisión de un bisturí. Era el sonido del poder absoluto, una máquina de millones de créditos sobrevolando un mundo que le pertenecía a un solo hombre. Pero incluso los imperios más altos tienen cimientos que se pudren en silencio. Mientras la aeronave avanzaba hacia el oeste, el sol se hundía, proyectando sombras alargadas sobre la ciudad financiera de Han-Lin. El fuselaje blanco, adornado con los símbolos dorados de Tanaka Industries, brillaba por última vez. Nadie sabía que ese metal estaba destinado a llorar fuego sobre los campos de té de Mian-Hua antes de que la noche terminara de caer. POV KAI TANAKA Ajusté la correa de mi chaleco de cuero n***o, sintiendo el frío del platino de mi reloj contra la muñeca. Mis ojos estaban fijos en la pantalla táctil frente a mí, analizando los indicadores del vehículo con la misma frialdad con la que analizo una adquisición empresarial. A mis treinta y dos años, mi vida se resumía en números y eficiencia. Mi cabello n***o liso, recogido en una coleta baja, era mi única concesión a la tradición de Han-Lin; el resto de mi ser era pura modernidad corporativa. En mi frente, apenas visibles bajo la luz tenue de la cabina, llevaba cicatrices sutiles de accidentes pasados. Siempre me había considerado intocable, un hombre que doblaba la realidad a su voluntad. —Señor Tanaka, los motores están mostrando fluctuaciones anormales —la voz de Chen Wei, el piloto, irrumpió en mis pensamientos a través del intercomunicador—. Sugiero regresar a la base de emergencia en Jin-Wu de inmediato. Miré por la ventana. Abajo, el contorno verde de los campos de té de Mian-Hua se extendía como un tapete antiguo. Era la zona rural donde mis antepasados habían comenzado todo antes de convertirnos en un imperio tecnológico. Había decidido este vuelo para evaluar una expansión, un proyecto que traería modernidad a ese pueblo olvidado. Pero algo en la vibración del suelo del helicóptero me dio una alerta que mis años en la cima me habían enseñado a no ignorar. —Haga lo que sea necesario —respondí, abriendo mi portátil para ignorar el presentimiento. Busqué refugio en el trabajo, pero los correos que encontré solo aumentaron mi irritación. El primero era de mi madre, Mei: —“Kai, por favor, considera la propuesta de Ryu. El consejo está impaciente con tu ausencia. No dejes que el poder se te suba a la cabeza antes de asegurarlo”. El segundo, de mi hermano menor, Ryu, destilaba un veneno apenas contenido: —“Hermano, la empresa no puede esperar eternamente. Si no puedes cumplir con tus responsabilidades, alguien más tendrá que hacerlo. No te creas indispensable”. Apreté los dientes. Ryu siempre había sido la sombra, el eco débil de mis logros. No tenía la madera para gobernar, solo la envidia para desearlo. Justo cuando iba a escribir una respuesta mordaz, un estallido ensordecedor sacudió la estructura. El panel de mandos se iluminó de un rojo violento. El olor a plástico quemado y combustible inundó la cabina en un segundo. Sentí el vacío en el estómago cuando el vehículo comenzó a girar en picada, perdiendo altitud a una velocidad vertiginosa. El mundo exterior se volvió un torbellino de verde y naranja. —¡Sistema de propulsión fallido! —gritó Chen Wei, luchando desesperadamente con los mandos—. ¡Sujete algo! ¡Prepárese para el impacto! Intenté agarrarme a la estructura, pero la fuerza centrífuga me arrojó contra la pared. Un trozo de metal se desprendió y me rozó la frente, abriendo una brecha de la que brotó sangre caliente que nubló mi visión. Antes de que la negrura me tragara, mis ojos se fijaron en el monitor de seguridad que parpadeaba. Vi una grabación del hangar minutos antes del despegue. Una figura de espaldas, manipulando los cables de los motores con una precisión quirúrgica. Reconocí el tono azul oscuro del cabello teñido. Ryu. Mi propio hermano me había lanzado al vacío. El helicóptero chocó contra el suelo con un estruendo que pareció partir la tierra. El combustible se derramó sobre el lodo y las llamas comenzaron su festín. POV LI MIN (Flashback - Esa mañana) El sol de Mian-Hua siempre olía a tierra mojada y a las flores de té que mi familia había cultivado por generaciones. Me levanté a las cuatro de la mañana, como cada día, pero hoy mis manos temblaban de una forma distinta. Tenía veintisiete años y, por primera vez, no iba a trabajar la tierra. Me puse el traje de oficina gris oscuro que me había costado tres semanas de ahorros. Era sencillo, pero me hacía sentir profesional, ocultando las manos trabajadas por el campo. Recogí mi cabello n***o en una coleta ajustada y me miré al espejo. Mis mejillas estaban rosadas por el aire fresco, y mis ojos marrones reflejaban un miedo que intentaba sepultar. —Min, ven aquí —llamó mi madre, Ying Wang, desde la terraza de nuestra casa de madera. Ella estaba sentada en su silla de bambú, su cabello blanco recogido con cuidado. A sus cincuenta y cinco años, la enfermedad renal crónica la estaba consumiendo, pero su sonrisa seguía siendo el ancla de mi vida. Me acerqué y la ayudé a tomar un sorbo de té verde. Sus dedos delgados, casi transparentes, se aferraron a los míos. —Mamá, no deberías estar de pie —le reñí suavemente. —Ya he descansado suficiente, hija —respondió con voz débil—. Hoy es tu primer día en Tanaka Industries. Sé que es un lugar de gente de alto linaje, fría como el cristal de sus edificios. Pero nunca olvides quién eres. La honestidad y el trabajo duro valen más que todo su oro. Asentí, tragándome el nudo en mi garganta. Lo que ella no sabía era que esa "gente de cristal" era mi única esperanza. El sueldo de jefa de calidad pagaría sus diálisis y, con suerte, el trasplante que le devolvería la vida. —He preparado tu almuerzo —dijo, señalando una cesta de bambú—. Es lo que te gustaba de niña. Para que no te sientas sola en la gran ciudad. La abracé con fuerza, sintiendo sus huesos frágiles. —Todo saldrá bien, mamá. Lo prometo. Tomé el autobús hacia Jin-Wu. Durante el viaje, vi cómo los campos de té se transformaban en monstruos de acero que rascaban las nubes. Cuando bajé frente a la Torre Tanaka, el logotipo dorado me deslumbró. Significaba "Progreso" y "Tradición", pero para mí, olía a supervivencia. Dentro, el aire acondicionado era tan frío como las miradas de los empleados. Me dirigí a producción, donde me recibió Linh Tran. Era una mujer de unos cuarenta años, de baja estatura y ojos afilados que me recorrieron con desdén. —Eres Li Min, supongo —dijo, ignorando mi saludo—. Aquí no toleramos errores. Tu trabajo es asegurar la perfección, pero no preguntes más de lo necesario. Si algo falla, será tu cabeza la que ruede. ¿Entendido? —Sí, señora Tran —respondí, apretando los puños. Me entregó una pila de documentos. Trabajé sin descanso todo el día, ignorando el hambre y el cansancio. Revisé miles de componentes. En varios, noté cables con aislamiento defectuoso e irregularidades que no cumplían el estándar. Cuando intenté mencionarlo a una compañera, ella me miró con un terror puro y me hizo una señal de silencio. —No digas nada —susurró—. A la jefa Tran no le gusta que cuestionen su producción. Si quieres conservar el trabajo, firma y calla. A las cuatro y media, Linh apareció de nuevo. —¿Terminaste? Vete. Mañana quiero puntualidad. Salí del edificio con el peso de la corrupción en mis hombros. Decidí caminar por el sendero que conectaba con los campos de Mian-Hua para limpiar mi mente. Fue entonces cuando el estruendo rompió el silencio del valle. Al levantar la vista, vi una columna de humo n***o elevándose entre mis amados arbustos de té. Algo se había estrellado en el corazón de mi hogar. ¿QUÉ ENCONTRARÁ LI MIN EN MEDIO DE LAS LLAMAS Y CÓMO CAMBIARÁ ESTO SU DESTINO PARA SIEMPRE?
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