Al abrir la puerta del departamento lo primero que escucha es un sollozo. Cierra la puerta con cuidado, teniendo un presentimiento de que es lo que va a encontrarse. Y en efecto, apenas entra a su depto. Y se gira hacia la sala de estar, ahí está ella. Sentada con las manos cubriendo su rostro, intentando controlar su llanto. Se desplaza por el lugar intentando ser lo más silencioso posible, haciéndose notar solo cuando sienta a su lado. Sus bonitos ojos verdes, grises en ocasiones, —dependiendo de cómo les llegue la luz— se abrieron por el asombro, a lo que le sigue esa pequeña boca de labios finos y rosados, tenía una pequeña costra en el labio inferior que se había hecho ella misma de tanto mordérselo. Lucía mal, realmente mal. Tenía los ojos más hinchados que un recién nacido, la n

