Despertó por el calor infernal que la abrasaba, como no, si aún seguían en verano y era Miami, la ciudad más calurosa en la que había vivido, eso sin sumarle que a Gael se le había olvidado el significado de espacio personal y la usaba de almohada, de sabana, de todo, incluso durmiendo era muy él, le dabas la mano y te agarraba del codo. Escapa de su asfixiante agarre y se sienta en el borde de la cama, apoya la cabeza entre sus manos, extremadamente cansada después de aquel maratón alocado de sexo. Joder, aún no le entraba en la cabeza que se había acostado con Gael, su compañero de trabajo, el hombre por el cual estaba comenzando a tener demasiados sentimientos. Era completamente ridículo que estos fueran más intensos después de una intensa noche de sexo, pero no podía evitarlo. La n

