𝙇𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙉𝙤 𝘿𝙞𝙟𝙞𝙢𝙤𝙨, 𝙮 𝙡𝙤 𝙌𝙪𝙚 𝙂𝙧𝙞𝙩𝙖𝙢𝙤𝙨

1034 Words

No dormí. No de verdad. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver ese coche. Esa sombra. Esa sensación de que alguien estaba ahí… mirándome. Como un depredador observando a su presa desde la oscuridad. Me levanté antes de que amaneciera, el cuerpo rígido, la mente en un estado de alerta perpetuo. Ni siquiera recordaba en qué momento me había acostado. Lo primero que hice fue ir a la ventana, con el corazón latiéndome desbocado en el pecho. El coche ya no estaba. Claro. Porque la gente que hace eso no se queda a saludar, no se queda a tomar el té. Desaparecen tan sigilosamente como llegaron, dejando solo la inquietud como rastro. Intenté convencerme de que todo había sido mi cabeza. El cansancio acumulado. El puto estrés. Las horas sin dormir. Sí. Eso debía ser. Tenía sentido. Demasiado

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