La puerta estรก abierta. Eso ya es mala seรฑal. Una invitaciรณn no solicitada, un espacio invadido. Mi abuela estรก de pie, junto al ventanal, como si la casa entera le perteneciera, su figura imponente recortada contra la luz artificial. Mi madre, sentada, impecable, con una copa de vino sin tocar, su rostro una mรกscara de serenidad estudiada. Me estรกn esperando. Me siento como un prisionero en mi propia fortaleza. โยฟYa te vas? โpregunta mi abuela sin girarse, su voz cargada de una ironรญa gรฉlida. โTengo trabajo. La urgencia de escapar es casi palpable. โSiempre tienes trabajo โresponde, girรกndose lentamenteโ. Lo que no tienes es esposa. Algo que ya es un escรกndalo. No contesto. Tomo las llaves de la mesa, sintiendo el frรญo del metal, un eco de la frialdad que me rodea. โAurelian โdice mi

