Los dรญas se empiezan a repetir. Trabajo. Casa. Hospital. Dormirโฆ si se puede llamar asรญ a esas horas de somnolencia forzada que apenas me devuelven a la realidad. Tres trabajos en la semana. Turnos dobles. Horas que se mezclan, dรญas que se fusionan en una neblina de agotamiento. A veces ni sรฉ en quรฉ puto dรญa estoy. Mi cuerpo ya no responde igual. Me miro al espejo y me desconozco un poco. Mรกs delgado. Mรกs pรกlido. Ojeras que el agua frรญa ya no tapa, que se han incrustado en mi piel como tatuajes de mis desvelos. Y aun asรญโฆ sigo. Porque no hay de otra. Porque parar no es una opciรณn. Es un lujo que no me puedo permitir. Intento vestirme como Naia una noche. Saco la ropa. La dejo sobre la cama. La camiseta holgada, el pantalรณn oscuro, la gorra que oculta mi rostro. La ropa que usaba para desa

