El departamento estรก en silencio cuando llego. Perfecto. El silencio es mi aliado, el lienzo sobre el cual pinto mis planes. La carpeta ya estรก sobre la mesa. Negra. Delgada. Insuficiente, sospecho, pero siempre es un comienzo. Me quito el saco sin prisa, el gesto medido, y la abro. Fotos. Lรกminas de una realidad que apenas comienzo a desentraรฑar. La primera: Naia saliendo por la puerta de servicio de un hotel. No cualquiera. Fachada limpia, clientes caros, discreciรณn pagada con creces. Lleva uniforme. Cabello recogido en un moรฑo apretado. Mirada baja, casi inexistente. Invisible. Una sombra entre las sombras. Paso a la siguiente. Un pasillo de habitaciones. Un carrito de limpieza. Movimiento eficiente, casi mecรกnico. No pierde tiempo. No mira cรกmaras. No habla con nadie. Aprendiรณ a no

