Enciendo otro cigarrillo, sintiendo el sabor amargo de la nicotina quemรกndome la garganta. La ciudad sigue gritando en silencio, revelando sus secretos a quien sepa escuchar. Y yo sigo contando los cuerpos que caen, las vidas que se extinguen en la oscuridad. El club no duerme, nunca lo hace. Simplemente respira, una entidad voraz que consume y se alimenta de la desesperaciรณn. Y yo me dedico a acortarle el aire, a estrangularlo lentamente desde las sombras. Exhala mรบsica estridente, alcohol barato y promesas vacรญas. Inhala dinero, sudor y decisiones impulsivas que nadie se atreverรก a reclamar por la maรฑana. Me quedo afuera un momento mรกs de lo necesario, apoyado contra el coche, fumando con parsimonia. No observo por mera costumbre, sino porque siempre hay algo que se sale del patrรณn est

