Dante gira la cara, escupiendo sangre otra vez, pero no responde. No puede. Su cuerpo está paralizado por una mezcla de dolor y humillación. —¿Eres estúpido? —dice Viktor, en voz baja, pero cargada de una furia contenida que es mucho más peligrosa que cualquier grito—. ¿Sabes con quién coño estás hablando? Dante no contesta. No lo mira. Viktor da un paso adelante, colocándose entre él y el arma, no para protegerlo… sino para manejar la situación. Para controlar el daño. Se ajusta el saco. Respira. Y entonces sonríe. No es una sonrisa sumisa. Es estratégica. Se acerca a Corvo con cuidado medido. —No tomes esto como una falta de respeto —dice, su voz suave pero firme—. Es… un error de personal. Un empleado de segunda. La frase cae como si nada. Como si Dante no estuviera ahí. Como si no

