Muy inoportuno. Entrar durante lo que era un momento privado entre Mamá y Charlotte fue lo bastante malo. ¿Pero acaso Charlotte lo decía de verdad? ¿Consideraba su amor por los libros por encima de sus sentimientos por él? Todo esto cruzó la mente de Trev antes de que pudiera encontrar alguna lógica. Porque una flecha se había clavado en su corazón. «Contrólate. Es el agotamiento». —Lo lamento, ¿estoy interrumpiendo? —Debería haber hecho caso al urgente d***o de ir a casa y tomar una rápida siesta. Charlotte bajó la mirada. Sabía que la había escuchado, de lo contrario le habría sonreído. —Nunca. ¿Quieres un café? —Rosie se deslizó alrededor del mostrador con sus brazos abiertos—. Puedo invitarte una taza de instantáneo. Se inclinó para recibir un abrazo. Ella había estado llorando.

