++++++++++ Amaneció. Me moví con cuidado, muy, muy despacio, como si mis músculos aún recordaran cada embestida de anoche. Mi cuerpo estaba dolorido, satisfecho… y sediento. No de agua. De él. Me giré con lentitud, y ahí estaba Uriel, medio cubierto por la sábana, el torso desnudo, el cabello un poco revuelto, la boca entreabierta. Santo infierno, ese hombre dormido es una obra de arte impía. Me mordí el labio. Podría quedarme a mirarlo toda la vida, pero no soy de las que se quedan quietas. Me levanté sin hacer ruido y tomé su camisa blanca del suelo. Me la puse. Me llegaba a media pierna, y aún olía a su perfume mezclado con mi sudor. Un olor sucio, caliente. Me encantaba. Fui a la cocina descalza, con el cabello revuelto, sintiéndome como una de esas esposas calientes que hacen el d

