++++ Las ocho en punto. El reloj marcó la hora con un golpeteo seco mientras yo terminaba de subirme el cierre del vestido rojo. Ese maldito vestido rojo. El mismo que juré desde que lo vi que no me pondría jamás, y que ahora me tenía viéndome al espejo con una mezcla de morbo, bueno, ella quiere que me lo ponga, me lo pongo, ella quiere verme vestida para una discoteca y no formal, perfecto. Era ajustado, pegado, atrevido, con un escote en V que dejaba poco a la imaginación, y una abertura lateral en la pierna que literalmente gritaba “mírame”. —Te ves como una diosa del pecado —dijo Bianca desde la cama, ya lista también. Ella llevaba un vestido color vino tinto, con la espalda al descubierto y un corte similar al mío. Era más sencillo, pero igual de sexy. —Y tú como mi cómplice del

