—Te vas a arrepentir —le dije antes de cruzar el umbral—. De todo esto. De haberme perdido. De haber elegido a una cualquiera en lugar de tu propia sangre. Y sin más… me fui. Las lágrimas no salieron hasta que crucé la puerta principal. Ahí, me quebré. Ahí, me solté como nunca antes. Bianca me abrazó. Me sostuvo. Me besó la frente. —Valentina… tranquila, ya pasó —me dijo—. Lo tienes a él, sí… pero me tienes a mí también. Y no voy a dejarte caer. —Gracias —susurré, con la garganta hecha nudos—. Pero juro que este no es mi final. —Claro que no —dijo ella con una sonrisa valiente—. Es solo el comienzo, amiga. El comienzo de tu vida. +++++++++++++++++++++++++ El silencio dentro del auto era ensordecedor. Solo se escuchaba el tic-tic del reloj en el tablero y el leve zumbido del motor e

