Me separé solo un segundo. Lenta, saboreándolo aún en mi lengua, mirando su rostro tenso y vulnerable al mismo tiempo. —Nada, mamá —dije con una sonrisa atrevida que él también sintió—. Solo que estoy disfrutando de un bombón tan… rico. Lo chupo tan rico que lo disfruto. Lo oí reír en silencio. El sonido vibró bajo su piel. Le besé el abdomen, subiendo apenas con mis labios, rozándolo con malicia, con cariño. Con hambre. La puerta siguió en silencio, y por un instante, creí que se iría. Que dejaría de hablar. Pero no. Como siempre, no sabía cuándo parar. —No quiero que pienses que no te valoro —dijo—. No fue mi intención hacerte daño. Siempre he querido protegerte… aunque a veces lo haga mal. Sus palabras me apretaron el pecho. Porque parte de mí quería creerle. Parte de mí era aún es

