+++ Después del drama existencial de anoche, de las lágrimas, los gritos de “que se joda el mundo”, los discursos feministas y la amenaza de follar con Damián solo por rebeldía (que no haré… por ahora), terminamos comiendo helado de chocolate directo del pote mientras veíamos series de crímenes reales. Bianca y yo, tiradas en el sofá como dos osos perezosos con problemas emocionales. En algún momento entre el asesinato número seis y el “este testigo fue encontrado culpable”, nos quedamos dormidas. Yo con la cuchara todavía en la boca, y Bianca roncando con estilo. Desperté a las siete de la mañana con el cuello torcido y el helado derretido en mi camisa. Glamour nivel cero. Me metí a la ducha como si de eso dependiera mi entrada al cielo, y al salir, con el pelo chorreando agua y una toa

