++++++++++++++++++++++++ He salido del hotel y lo primero que hice fue subirme a un taxi como si tuviera al FBI pisándome los talones. El conductor me miró por el retrovisor como preguntándose si me estaba escapando de una secta o de un ex psicópata. No estaba tan lejos de la realidad. —¿A dónde, señorita? —Al primer restaurante que vea. Que huela a carne, grasa y desesperación emocional —le dije sin filtro. El tipo se rió como si fuera una broma, pero yo no bromeaba. Necesitaba comida, drama y una amiga que me gritara un poco por teléfono para terminar de tocar fondo. Minutos después me encontré en un restaurante sencillo, pero con ese olor a carne a la parrilla que promete consuelo. Me senté en la esquina más alejada de todo el mundo, pedí un almuerzo contundente —carne a la parrill

