Capitulo 1

1810 Words
Capitulo 1 Demetri asintió en silencio, observando a los demás trabajar. El secreto era primordial y todos los restos se reducían a cenizas para garantizar que ningún humano encontrara accidentalmente pruebas de su existencia. La probabilidad de encontrar restos a tanta altura en las montañas rumanas era remota, pero todos tenían la intuición de borrar sus huellas. —Estamos al tanto de los problemas —dijo finalmente—. Alexei tuvo que resolver la situación en Ecuador hace varios años. Pero nosotros también hemos tenido nuestros propios problemas. Apenas logramos detener una guerra civil hace poco. Mac resopló, arrojando a su rubia víctima sobre la leña mientras Pietro le echaba encima a los otros dos. —Me encanta cómo evitas una guerra civil —rió—. Disuelves un Consejo y creas otro a tu gusto. ¿No hay algo un poco autocrático en eso, amigo? Demetri se encogió de hombros y una sonrisa iluminó su hermoso rostro. —Los tiempos están cambiando, Mac. Sabes lo resistente que puede ser nuestra gente al cambio. A veces el fin justifica los medios. El último Consejo era corrupto, dispuesto a iniciar una guerra total contra los licántropos. Eso no podía permitirse. Mac se enderezó y lo miró a los ojos. Su expresión era cuidadosamente neutral. —¿Por qué no? ¿Acaso la selección natural no es la norma en el mundo? Pietro soltó una carcajada mientras encendía una cerilla y prendía la pira. —Andrei Romanov, como era de esperar, eligió a una loba como compañera, al igual que su gemelo Alexei. Si a eso le sumamos que Nors Eriksson también lo hizo, eso debería responder a tu pregunta, Mackenzie. Observó las llamas danzar un momento y luego se giró para mirar al vampiro a su lado. —O quizás debería decir que sus lobos los eligieron —corrigió—. La noche en que Loretta pilló a Andrei besuqueándose con Marcia fue inolvidable. Hacía mucho que no me reía tanto. Loretta, tranquila como una loca, les volcó un cubo entero de refresco helado encima, delante de todos. No creo que Andrei supiera si besarla o matarla. —Pietro —suspiró Demetri, intentando contener la impaciencia. Si había oído esa historia una vez desde que viajaban juntos, la había oído mil veces. Aunque las primeras veces había sido divertida, ahora estaba cansado. —Tenías que estar ahí, Demetri. Fue divertidísimo. Mac los observaba atentamente, con la mente dándole vueltas mientras intentaba descifrar qué quería Demetri de él. Sabía que tres Ancianos se habían apareado con hombres lobo. También se daba cuenta de que, a pesar de su risa, Pietro tenía una estrecha relación con los Romanov y consideraría a cualquiera que intentara hacerles daño como una amenaza personal. Su divertida anécdota era más que humor; era una sutil advertencia para que tuviera cuidado con lo que decía. Pietro era mucho más que su personalidad relajada y sencilla. Como la estupidez no era uno de sus rasgos de carácter, Mac lo consideraba un personaje a tener en cuenta en el futuro. —Hay más —dijo Demetri, ignorando a Pietro y haciéndoles señas para que se acercaran y se sentaran. Ambos se movieron con gracia hacia distintos árboles caídos y se sentaron frente a él. —Lo que les digo ahora es tan secreto que si alguno de ustedes dice una palabra, morirán al instante —dijo Demetri con calma. No había falsa bravuconería en su voz; era la constatación de un hecho. Este secreto acabaría con una vida en un abrir y cerrar de ojos y no debían hacerse ilusiones al respecto. El tono directo de Demetri despertó la curiosidad de Mac y de Pietro. Ambos sabían contenerse y no les importó su declaración. —Adelante —dijo Mac en voz baja. Demetri evaluó sus expresiones por un momento y luego respiró hondo. Caleb le había dicho que podía revelar esto si estaba seguro de que era lo suficientemente seguro. Confiaba mucho en Mac y conocía a Pietro casi toda su vida. —La Reina de los Vampiros se ha reencarnado. El silencio acogió sus palabras y luego una lenta sonrisa dibujó el rostro de Pietro. —Qué buen truco, Demetri. Ni siquiera sabía que existía, y mucho menos que había muerto. —El Consejo destruyó todo el conocimiento del pasado hace incontables milenios —respondió Demetri—. Pero no pudieron destruir el orden natural de las cosas. Hace más de seis mil años, nuestro pueblo vivía en una sociedad matriarcal, gobernada por una reina vampiro. Su nombre era Anakatrine y su rey era Callain. También tenía un guardián en su hermano y juntos gobernaban en paz, un triunvirato de poder, no solo vampírico, sino también mágico. Mac arqueó una ceja sorprendido; sus pensamientos se aceleraban ante lo que se revelaba. —Había oído rumores de que los vampiros usaban artes oscuras. Siempre me pareció una tontería. —Hasta cierto punto lo era —admitió Demetri—. Solo el triunvirato tenía esos poderes, no toda la nación. Y yo tampoco los llamaría artes oscuras. Solo se usaban para el bien, no para el mal. —Si estos tres eran todopoderosos como dices, ¿cómo pudieron ser destruidos? —preguntó Pietro. Su mente también daba vueltas, intentando descifrar quiénes eran los protagonistas en su mundo para poder entender qué estaba pasando. —Anakatrine formó el primer consejo vampírico. Creyó que nuestro pueblo estaba listo para gobernarse a sí mismo. En cambio, se rebelaron contra ella cuando se produjo el primer apareamiento entre vampiros y hombres lobo hace tres mil años. Fue destruida junto con Callain, pero sus almas han renacido. Mac se tomó la noticia con calma, como siempre, con naturalidad. Sabía que era verdad, porque era Demetri quien lo estaba contando. Tenía una fe absoluta en su amigo. Era lo único de lo que podía estar completamente seguro en la vida. —¿Quieren reinstaurar esta antigua jerarquía real? —preguntó con curiosidad. Demetri rió. —Todo lo contrario, amigo mío. Quieren vivir al margen, disfrutando de la paz que tanto anhelaron hace mucho tiempo. Pero para lograrlo, deben guiar a nuestra gente en la dirección correcta. Ya se han dado los primeros pasos y el cambio está en camino, pero necesitan buenas personas que les ayuden a crear el mundo que imaginan. —¡Que me jodan! —exclamó Pietro con fuerza, levantándose de un salto, con los ojos color avellana abiertos de par en par por la sorpresa—. Son Caleb y Annie, ¿verdad? La lealtad absoluta de Demetri hacia el otro Anciano y su compañera era reconocida. No había nadie más en su mundo a quien el Anciano respetara más, a nadie más a quien seguiría. Atar cabos resultó ser más fácil de lo que esperaba. El lento asentimiento de Demetri confirmó la identidad de la pareja real. —El Guardián sobrevivió a la matanza en aquel entonces, al igual que el primer niño híbrido —les dijo con gravedad—. Ahora están emparejados y viven en la manada Armand-Hanlon, lo que nos lleva a la razón por la que te he buscado, Mac. Mackenzie esperó en silencio, asimilando la noticia y reflexionando lentamente mientras esperaba saber qué más le deparaba el futuro. Debía ser muy cuidadoso con su proceder. No dudaba de que Demetri intentaría cortarle la cabeza si se equivocaba. Pietro también era un Anciano, doscientos años más joven que él, pero sin duda poseía grandes habilidades para viajar con su amigo. —Recientemente hubo una incursión contra la manada Armand-Hanlon —continuó Demetri—. El consenso es que se originó en Europa y tiene algo que ver con el reciente nacimiento de varios niños híbridos. Esto es inaceptable. No se puede permitir que se les haga daño a los niños; son nuestro futuro, nuestro tesoro más preciado. A Pietro se le ha encomendado la tarea de infiltrarse en este grupo sombrío que intentaría hacerles daño. A ti, Mac, se te pide que los protejas mientras crecen. Era lo último que Mac esperaba, y la sorpresa se reflejó en su rostro antes de poder disimularlo. —¿Quieres que sea niñera? Demetri se rió de su tono seco. —No como tal. Tienen una manada entera y a la mitad de los vampiros de Estados Unidos para cuidarlos a diario. No, el triunvirato quiere que lideres un equipo de élite de guardianes que pretenden resucitar del pasado. Se levantó y caminó por el claro, tensándose ligeramente al oler el aire nocturno antes de relajarse y regresar a su asiento. —Los pretorianos fueron una vez la guardia de élite de la reina. Los disolvió cuando convocó el primer consejo de vampiros. De no haberlo hecho, tal vez habría sobrevivido a lo que estaba por venir, pero la decisión se tomó en ese momento y resultó fatal. Eran desconocidos para cualquiera que no perteneciera a sus filas, con la excepción del triunvirato. Esta vez se aplicarían las mismas restricciones. La manada sabría de ti, pero no quién eres. Los niños no se percatarían de tu presencia. Mac miró fijamente a Pietro. —¿Se supone que es mi primer recluta? Pietro parecía atónito ante la perspectiva, mirando a Demetri, a Mac y viceversa. Nadie le había dicho nada sobre formar parte de alguna organización secreta cuando le pidieron que asumiera su misión actual. —Pietro se alineará ligeramente con los Pretorianos, aunque no será m*****o de pleno derecho. Su tarea es vital, así que lo necesitamos en su puesto lo antes posible. Les informará de cualquier descubrimiento y ustedes informarán al triunvirato. Es un manto de secretismo adicional para protegerlos a ellos y a los niños en caso de que descubran a Pietro. El claro se quedó en silencio mientras ambos vampiros reflexionaban sobre las palabras de Demetri. Pietro no tenía ningún problema con lo que había oído. Caleb había acudido a él, había depositado su confianza en él y había enfurecido a Andrei al robarlo del bar. Su sola diversión había bastado para que deseara esta misión. Disfrutaba tanto viendo a Andrei tener que ceder cuando no quería. Era uno de sus pasatiempos favoritos. Y adoraba a los lobos. Sabía que su opinión sobre los hombres lobo iba en contra de la de la mayoría de los de su especie, pero no podía evitarlo. Cuando Loretta llegó a la vida de Andrei, el Anciano se sintió abrumado. Ella le había salvado la vida con la misma seguridad con la que le habrían disparado una espada. Por eso, siempre contaría con la lealtad de Pietro, como la de cualquier hijo suyo. Loretta le había enseñado que los lobos tenían un carácter feroz, una lealtad inquebrantable y eran muy descarados. Amaba todos esos rasgos de carácter; demonios, incluso podría acabar con una loba como compañera algún día. Habían sucedido cosas más extrañas.
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