Trina La oscuridad era mi única compañera. La venda sobre mis ojos me mantenía sumergida en un mundo sin forma, donde cada sonido, cada roce, se convertía en una amenaza. Podía olerlo. Estaba segura de que era Dominic, aunque se negara a hablar. Su aroma a cuero y colonia cara se mezclaba con el aire, envolviéndome en una nube que no podía evitar inhalar. Era un olor que ya asociaba con el peligro, con la dominación, con él. Pero se negaba a emitir una palabra, aunque no había necesidad. Su presencia era suficiente para hacerme sentir vulnerable, expuesta. Escuché el crujido del colchón cuando se recostó a mi lado. Enseguida sentí su calor cubriendo mi cuerpo. No me dio tiempo a reaccionar cuando sujetó mis manos y las ató con unas esposas a la cabecera de la cama. No pude evitar te

