CAPÍTULO ONCE Allí se encontraba ella, mirando las fotografías de cuando Agustín vivía en su vientre y no podía evitar sentirse mal, sentir que su corazón casi no latía y en su cabeza divagaba la misma pregunta ¿Por qué? Y aunque ahora no era capaz de encontrar respuesta, a la larga encontraría la razón por la cual Dios quiso que pasará por todo aquel dolor. - No te tortures más. – le dice Alina sentándose a su lado, pero ella no decía nada. - ¿Hablaste con Thomas? – y fue su nombre el que hizo que dejara las fotos en la cama y mirara hacia la televisión que se encontraba apagada. - Dijo que no sabía de la existencia de su hija hasta menos de una semana. – comenzó a explicar – de echo solo estuvieron una vez y antes de reencontrarnos en Roma. – concluyó con su mirada llena de tristeza

