Las constantes comprobaciones de Deormund con la torre vigía eran motivo de diversión entre sus hombres, pero aparte de dos falsas alarmas, los meses transcurrieron tranquilamente, sin que la presencia vikinga les molestara. Poco a poco, la ansiedad del pastor de ciervos se fue calmando hasta que su preocupación pasó a ser el pozo. Desde el primer día de excavación, cuando a los hermanos les pareció un trabajo fácil mientras formaban un montón de arena gruesa, al que pronto siguió otro con guijarros de sílex, había supervisado sus progresos. Las dudas empezaron a asaltarle cuando lucharon con la arcilla fresca de color gris azulado. Sus herramientas se atascaban en el material que cortaba la energía, cuya succión les hacía maldecir y sudar. De vez en cuando, su señor les recordaba que este

