― Anoche no pude dormir por culpa de tus ronquidos― murmuró nada más que para hacerme fastidiar a lo que rodé los ojos porque consideraba que era demasiado temprano para ponerme a pelear con Dominique. He recuperado mi suéter que está completamente impecable como si el hecho de que el vino que se derramó en él la noche anterior fuera todo producto de mi imaginación. Además, olía de maravilla, llevaba olor a jabón de ropa y era el mismo olor que tenía la sudadera de Dominique y las sábanas. ― Entonces debiste haberme despertado― Dominique soltó una risa. Llevaba mi cabello amarrado en una coleta alta algo desordenada y estaba a cara lavada, sin rastro alguno de maquillaje porque me lo había sacado antes de volver a la residencia. ― No, pese a tus ronquidos, te veía muy bien durmiendo. No

