— Entonces aquí es donde debo bajarme — murmuré sintiéndome un poco mal porque no quería irme. Eché un vistazo a través del vidrio y visualicé al gimnasio del otro lado de la calle. — Yo tampoco quiero que te vayas, corderito — dijo llamando mi atención mientras cogió mi mano para llevársela a sus labios y sonreí. Entrelazó sus dedos con los míos y cada vez me agradaba más aquella complicidad que se había creado entre ambos tan repentinamente. — Hay algo que no hablamos — comenté sintiéndome un poco insegura debido a que mientras que yo prácticamente le exigí que me contara sobre Samantha, no sabía cómo actuar ahora que ambos habíamos comenzado a salir. — Sin miedo — me alentó con una sonrisa ladeada y cogí una bocanada de aire antes de hablar. — Es respecto a mi hermano — susurré. Ent

