Uno
Cinco años después…
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Carly, a pesar del cálido día de primavera. Tal vez era el viento, pero ella no creía que se debiera a ello. Estaba experimentando una sensación de presentimiento de la cual no podía librarse. Quería entender qué la hacía sentir tan incómoda. Eso le facilitaría el inminente viaje a casa. Pronto dejaría la escuela para siempre, y por fin sería libre de tomar sus propias decisiones. Al menos, esperaba poder hacerlo.
Quizás ese era el verdadero problema...
No le habían dado la opción de asistir a la Escuela de Señoritas de Tenby. Gales estaba tan lejos de su casa que había sentido nostalgia durante días después de su llegada. Si no fuera por su nueva amiga, Lady Penelope Cox, temía que no le hubiera ido bien. Ella había hecho que Carly se sintiera a gusto y la había ayudado a aclimatarse a la escuela. Su nueva amiga la había declarado su mejor amiga e insistió en que la llamara Poppy... siempre insistía en que todos la llamaran así. Carly no le dijo que combinar Poppy con su apellido de Cox... bueno, sonaba bastante ridículo, o un calificativo peor que no quería expresar con palabras... Pero no iba a insultar a su nueva amiga por ningún motivo.
Ambas solían dar largos paseos por una playa cercana. Una de las pocas actividades que la directora permitía. La playa estaba cerca de la escuela y de esa manera podían ser vigiladas. Era la única razón por la que se les había permitido acercarse a ella. Aparte de las clases obligatorias y de las clases de música, Carly no tenía mucho más que hacer. Echaba de menos a su gemela, Chris, y al resto de su familia. Mantenía correspondencia con todos ellos con regularidad, pero no era lo mismo. Los echaba de menos y lo primero que pensaba hacer a su regreso era abrazarlos a todos.
"¿Estás melancólica?" preguntó Poppy.
Carly estaba sentada en un banco que daba al pequeño jardín del colegio. Una de sus tareas era cuidarlo. Cuidar un jardín se consideraba aceptable para una dama, al menos a los ojos de la directora. Carly creía que a la directora le gustaba tener un jardín, pero la financiación de la escuela no permitía contratar a un jardinero. Habían terminado de limpiar todos los restos de las tormentas de invierno y habían plantado todas las semillas nuevas en los parterres. Habían recortado los rosales y los arbustos. Las manos de Carly aún tenían rasguños de todo ello. Al menos, cuando volviera a casa no tendría que volver a ensuciarse las manos con trabajos de jardinería. Había muchas cosas que quería hacer, pero convertirse en una ávida jardinera no era una de ellas.
"Estoy agotada", dijo Carly. "No he tenido tiempo adecuado para rumiar, como lo has dicho tan sucintamente".
"¿No estás disfrutando de este poco de tiempo programado al aire libre?" Poppy levantó una ceja. El viento hizo que algunos mechones del cabello rubio fresa de Poppy se soltaran de la sencilla trenza. Se levantó y se los colocó detrás de la oreja. Había un brillo en sus ojos grises, tal vez travieso. ¿Qué pretendía su amiga? "¿No te parece estimulante?"
Carly puso los ojos en blanco. "Supongo que uno podría considerarlo así".
"¿Y tú no?" Poppy levantó una ceja. "¿Qué es entonces?"
"Una tortura", dijo ella simplemente.
"Quieres estar en tu habitación tocando ese destartalado violín tuyo".
"No es tan horrible como lo dices", exclamó Carly. Era bastante antiguo, pero aún era útil. Ella se había asegurado de cuidarlo bien. Sin embargo, no había mucho que pudiera hacer. Sus fondos eran limitados. El profesor de música había hecho todo lo posible para ayudarla a aprender a tocarlo correctamente, pero temía que nunca llegaría a dominarla del todo. "Hace poco le cambiaron las cuerdas y lo afinaron. Es un instrumento precioso y bastante melodioso".
"Siempre que se deslice bien el arco sobre las cuerdas", dijo Poppy y negó la cabeza. "Hubo momentos en los últimos dos años en los que dudé de que hicieras sonar bien esa cosa, y mucho menos de forma dulce".
Carly suspiró. Odiaba admitir que Poppy tenía algo de razón. Había momentos en que su práctica del violín había sido agotadora para los oídos. Incluso ella se había encogido en los primeros días. Ahora tocaba mucho mejor, pero aún le quedaba mucho por aprender. "Un día tocaré tan bien que llorarás de alegría".
"Puede que llore", accedió ella. "Pero no será necesariamente de alegría. Aunque quizás, lo admito, podría ocurrir. Cuando la composición haya llegado a su fin y pueda por fin sacarme los dedos de las orejas, entonces, y sólo entonces, podría estar jubilosa".
Carly le sacó la lengua.
"Lady Carolina, ese no es un comportamiento propio de una dama", la reprendió la directora, la señorita Mary Spencer. Su cabello castaño claro tenía mechas doradas y estaba recogido en un severo moño.
Maldición. La habían pillado. Carly suspiró y se preparó para el sermón. Con suerte, sería la última antes de dejar la escuela. Sus baúles estaban empacados y al día siguiente estaría en un carruaje rumbo a casa al amanecer. Poppy también se iría pronto, pero no tan pronto como Carly. Tenía que quedarse una noche más. Carly la echaría de menos, pero al menos no sería una larga espera. Poppy se burlaba de ella, pero era su mayor defensora. La había animado a aprender a tocar el violín en lugar de tocar las cuerdas sin rumbo. Si no fuera por Poppy, Carly nunca habría tenido la confianza para intentarlo.
"Mis disculpas, directora", dijo Carly en un tono contrito que no sentía.
"Deberías disculparte", dijo la directora. "Una dama como tú debería dar un mejor ejemplo a las más jóvenes".
¿Qué iba a decir ella a eso? Las señoras más jóvenes ya se comportaban bien. No se parecían en nada a lo que ella había sido cuando llegó. "No volverá a suceder". Al menos no mientras Carly permaneciera en la escuela... Una vez que regresara a casa, no se molestaría en cumplir dicha promesa.
"Asegúrate de que sea así". Con esa reprimenda, la directora terminó de examinar el trabajo que habían realizado hasta el momento. "El jardín parece decente". Era más que eso, y la vieja dama lo sabía. "Pueden tener una hora de tiempo libre antes de la cena". Dio una palmada. "Empiecen a moverse, señorotas".
Todas se escabulleron tan rápido como se les permitió caminar. Si corrían, retrasarían su salida. Nadie quería eso, especialmente Carly. Ella se apresuró a su habitación para recuperar su violín. Era lo único que deseaba. Cuando volviera a casa, buscaría un nuevo profesor. Se convertiría en una de las mejores intérpretes de toda Inglaterra, quizás del mundo. No había nada que deseara más que eso...