Pactos, charlas y más (2da. Parte)

1240 Words
El mismo día Ginebra Adrián Me desconcertó ver una foto de Valérie con el vientre abultado. Ni siquiera la imaginaba en el papel de madre, pero lo que más me descolocó fue descubrir en sus ojos un rastro de tristeza que intentó ocultar tras esa fachada de agresividad. Y sí, cometí un error. Fui invasivo, imprudente y quizá un poco torpe al preguntar tan abiertamente sobre su vida privada. Pero, en mi defensa, no pensé con claridad… o tal vez, por fin, pude ver a la verdadera Valérie. Esa que hasta ese momento se escondía tras la indiferencia. No me dejó claro si tenía hijos, o, mejor dicho, sorteó mi interrogatorio con su sello de ironía. No insistí. Más bien entendí que había tocado un punto sensible. Quizá algo en su mirada me recordó a mi propio dolor. A ese pasado que todavía me pesaba y me lastimaba. El resto de la mañana me entretuve observando a Valérie leer en voz alta el contrato como si se tratara de una negociación real. —Si alguna de las partes necesitara ausentarse en un evento del otro, deberá comunicarlo con un mínimo de dos horas de anticipación. No se aceptarán excusas de último minuto como una emergencia —leyó con tono severo. —Pero sí pueden existir, Valérie. Puedo quedar atorado en el tráfico, sufrir un accidente doméstico… —improvisé. La verdad estaba pensando en Vera, pero mencionarla habría sido precipitado. Valérie alzó una ceja. —¿A qué te refieres con accidente doméstico? —preguntó con cautela—. ¿A una de tus aventuras colándose en tu oficina? Sonreí. —No te pongas celosa, novia mía. —¡Ya quisieras…! —torció la boca con desdén. —Como sea, ese tipo de accidentes no los tengo. Ni en mi oficina, mucho menos en mi casa… —aclaré con firmeza. Siempre fui discreto con mis aventuras. Ninguna mujer pisaba mi casa, por respeto a mi hija y a mi difunta esposa. Pero era lógico que Valérie pensara lo contrario con todo lo que repetían los medios de prensa. —Mejor así —continuó ella sin mirarme—. No tendré que recordarte que estamos en una relación exclusiva. No puede haber terceros por ningún motivo. —Tranquila, que eso de los tríos no va conmigo —dije divertido. Ella clavó en mí sus ojos grises. Me incliné apenas. —Si estás conmigo, eres solo mía. El silencio se instaló entre nosotros. Ni yo mismo esperaba haber dicho eso. Entonces Valérie apartó la mirada, incómoda. Volvió sus ojos al papel… y sentí que estaba empezando a perder el control de mis propias emociones. Lo cierto fue que, en mi afán por borrar esa distancia entre nosotros, propuse tener una cita como una pareja con todas las letras. No sé si fue un acto suicida… o tal vez no, fue lo más acertado. Ya no importa. Valérie me interesa más de lo que quisiera admitir. Y ahora aguardo ansioso su respuesta, más nervioso que antes de mi primera cita. Finalmente, su voz rompe el breve silencio. —Adrián, será para otro día nuestra cita falsa. Tengo otro… Niego con la cabeza antes de que termine la frase. Deslizo el dedo por el contrato. —Aquí, en la cláusula cuarta, menciona que podemos acordar un evento con seis horas de anticipación y el otro no podrá negarse —señalo con firmeza, mostrándole el documento. Valérie se muerde el labio. Por un segundo parece dudar. Ella puso esas cláusulas. Ahora que las cumpla. No puede negarse. —Tiene que ser en un lugar público, abierto, en el centro —escupe las palabras, clavándome la mirada—. Y soy alérgica a los mariscos. Se cruza de brazos, como si levantara una barrera entre los dos. No puedo evitar sonreír. —Tengo el lugar perfecto para nuestra primera cita —digo, sin apartar mi mirada de la suya. Sus ojos grises se entrecierran. —Si no llegas en horario —advierte con su voz fría— me marcho a mi compromiso. En la tarde Apenas puse un pie en la casa corrió a mis brazos mi princesa para desearme feliz cumpleaños. Pero eso no era todo: mi mamá había ayudado a Vera a preparar el pastel y mi padre estaba en la parrilla ocupándose de las carnes con la concentración de siempre. Y aquí estoy ahora en el jardín, con una cerveza en las manos. Vera se balancea en el columpio a mi lado, empujándose con las piernas mientras tararea algo que apenas escucho. Cerca de nosotros están mis amigos: German, Phillip y Rubert. Los tres charlan de sus esposas o novias… o más bien se quejan de ellas mientras están atrincheradas en la cocina con mi madre. Phillip levanta su botella y se inclina hacia nosotros con aire conspirador. —Creí que Letty me iba a reclamar por olvidarme de ir a recoger a Lola, pero no lo hizo, ¿saben por qué? —relata Phillip con una sonrisa. Rupert frunce el ceño y se rasca la barbilla, pensativo. —¿Era su aniversario? —interviene Rupert. Phillip niega con la cabeza. —Llegó el estado de cuenta de la tarjeta de crédito. Todos nos echamos a reír a carcajadas. Rupert sacude su botella vacía y se pone de pie. —Voy por otra cerveza —dice Rupert, encaminándose hacia la casa. Phillip se levanta enseguida y lo sigue. Doy un sorbo mientras observo a Vera desde mi asiento. El columpio va y viene con un leve chirrido, y por una extraña razón la imagen de Valérie cruza por mi mente. —¿Y esa mirada perdida? —pregunta German en voz baja, inclinándose un poco hacia mí. Me remuevo en la silla antes de responder. —Solo pensaba en Valérie Laurent, no puedo sacármela de la cabeza —murmuro en voz baja. German ladea la cabeza con una sonrisa torcida. —Eso se escucha grave o te acostumbraste a que te digan no —replica divertido. Tuerzo la boca. —Estoy saliendo con Valérie. Y aún no he descubierto el motivo de su agresividad —confieso sin rodeos. German se endereza de golpe en la silla. —¡Eh…! ¿Por qué no me lo habías dicho? —habla desconcertado—. ¿Ya te acostaste con ella? Niego con una sonrisa cansada. —No seas chismoso… más bien háblame de Valérie. German alza la ceja y me mira extraño. —El hecho de que salga con Diana, no significa que conozca de la vida de Valérie Laurent —responde con seriedad. Me inclino hacia adelante. —Revisa en el celular el archivo que debes tener de su vida privada. —señalo—. No lo haces siempre con nuestros socios. German resopla y saca el teléfono del bolsillo. —¿Qué quieres saber? —pregunta mientras desbloquea la pantalla. Le clavo mi mirada. —Vi una foto de ella en su departamento —escupo sin anestesia. German levanta la vista del celular. —¿Qué tiene de raro eso? —se queja Germán. Sostengo su mirada. —Valérie estaba embarazada en la foto. German guarda silencio. Su pulgar queda suspendido sobre la pantalla del teléfono… como si hubiera encontrado algo que no esperaba. —¿Sabes lo que sucedió con su hijo? —pregunto con calma—. ¿Comparte la tutela con el padre de su hijo? ¿Lo cría ese hombre?
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