Savina Quería abrir los ojos con todas mis fuerzas, pero me sentía atrapada en un abismo profundo, donde la oscuridad me envolvía como una manta pesada. Mi cuerpo era solo un eco lejano, una sombra de lo que alguna vez fue. No podía moverme. No podía gritar. Solo el dolor permanecía conmigo, ardiendo en cada rincón de mi ser, como brasas encendidas bajo mi piel. Intenté inhalar, pero el aire no llegaba. Algo invisible me apretaba el pecho, impidiéndome respirar con libertad. Un peso inmenso me anclaba a un lugar desconocido, sofocante, donde el tiempo parecía haberse detenido. A través del dolor y la bruma en mi mente, un sonido perforó el letargo. Un zumbido. Constante. Ensordecedor. Y entonces, una voz. Massimo. No sabía de dónde venía, si estaba cerca o lejos, si lo estaba ima

