Savina Las palabras quedaron atrapadas en mi garganta, un nudo que no podía deshacer mientras la atmósfera se cargaba de una electricidad abrasadora. Cada latido de mi corazón parecía marcar el ritmo de una tormenta que estaba por desatarse, un presagio que resonaba en cada fibra de mi ser. Mi respiración se volvió errática, y un calor inconfundible recorrió mi cuerpo, encendiendo cada rincón de mi piel con la promesa implícita de que esta noche no habría piedad. No, esta noche solo habría deseo. Massimo estaba ahí, inquebrantable, como un depredador que ha encontrado a su presa. Su mirada, oscura e intensa, me atrapó como un ancla en medio de un mar turbulento. Era una mezcla de pasión desbordada y un rencor que ardía como brasas encendidas. Sabía lo que significaba esa mirada. Una tor

