De pronto se me ocurre una maravillosa idea y mi cara se ilumina. — ¿Se te ocurrió algo? — pregunta Harrison. — Sí, ella ha ido al club hace más de dos años todos los viernes. — ¿Ajá? — dice con desinterés. — Ella es una mujer rutinaria, hoy por primera vez en más de dos años no tiene qué hacer ni a dónde ir — intento que descifre lo que tengo en mente. — ¿Ajá? — este amigo mío a veces es un idiota. — Ella buscará ir a algún lugar, probablemente un bar o algo para matar el tiempo que no estará en el club. — ¿Ajá? — lo miro con desprecio. — Que vamos a seguirla sin que lo note cuando salga de la oficina y veremos a dónde va, tú te llevarás mi auto y me dejarás con ella y no le quedará de otra que llevarme a casa y sabes lo que pasará después — comienza a reír de forma escandalosa.

