María Paz le sonrió las dos había caído ante los encantos de los señores Duque, al parecer tenían ese efecto en las mujeres. Las dos amaban a los dos hermanos con toda su alma. — ¿Cómo lo conociste? Andrea sonrió y recordó aquella escena. —Yo soy un poco atarantada —bromeó—, llevaba una semana trabajando en la finca de la bruja, y ese día todos andaban como locos por la llegada de Carlos —expresó—. Yo no lo conocía, pero se decían tantas cosas de él: buenas y malas. —Presionó los labios y prosiguió—. Yo finalizaba de baldear uno de los pasillos de la entrada principal y me disponía a hacer lo mismo con el patio de frente, yo tomé el cubo con desinfectante y lo lancé sin darme cuenta de que él había llegado de Boston, lo empapé. María Paz se llevó las manos a la boca para evitar reír a

