Ridey Bernabéu
En cuanto entro al apartamento donde estoy ahora viviendo, dejo las llaves a un lado y me encamino, al ver el sofá libre, me dejo caer de espaldas y me quedo con la mirada fija en el candelabro que adorna el espacio. En este momento es imposible no esbozar una sonrisa e incluso reír un poco al recordar lo que acaba de pasar con Madelia, algo que realmente necesitaba, probar sus labios. Esperaba que fuera más adelante, pero a quien trato de engañar, estoy loco por ella, y quiero hacer todo lo que en su momento me prive y una de las cosas era, besar sus preciosos labios.
Como idiota comienzo a reír ya no lo hago en tono bajo, rio fuerte porque la verdad es que me siento feliz por lo ocurrido, cautivado y si lo acepto, quiero más, mucho más de ella.
–Ok, este se volvió loco –me incorporo de inmediato. – ¿Se te zafo un tornillo?
–Estas algo feliz, ¿No? –comenta mi amigo Alan.
– ¿Desde cuándo están allí?
– ¿Desde qué entraste? Te íbamos hablar, pero estabas todo sonriente y riéndote solo, nos preocupaste cuando ya tu risa era más alta.
– ¿Qué haces tú aquí en Londres? –reacciono y me coloco de pie. –Yo te deje en Austria.
–Pues estoy aquí porque me sentía solito –bufo y me acerco para saludar a mi hermano.
–Rocko, habíamos quedado que te quedarías en Austria al pendiente de todo –digo un tanto indignado. –No han pasado tantos días desde que me vine y tú ya estás aquí.
–Pues créeme que me necesitas más aquí que en Austria –comenzamos a andar por el pasillo, en dirección al despacho. –Es como si olieron que te marchaste y comenzaron a actuar.
– ¿Qué? –entramos, Alan viene ayudando a mi hermano en la silla de ruedas. – ¿De qué hablas?
–Sí, te viniste a Londres y comenzaron hacer de las suyas, a moverse como suelen hacerlo.
– ¿Papá?
–No te preocupes por el viejo, reforzo la seguridad, fue él quien me envió contigo –tomo asiento. –Sabes que soy como una peste para él.
–Rocko, no digas eso, el viejo sabe mas que nadie que sin ti, ya estuviera más que muerto, no entiendo cómo es que te envió sabiendo muy bien eso.
Nos quedamos en silencio por un instante, comienzo a pensar muchas cosas en simples segundos y decido hacer una llamada. Alan y mi hermano se quedan en silencio mientras yo me encargo y al finalizar, tomo una bocanada de aire y asiente.
–Bien, quédate en Londres, volverás cuando sea necesario, en este momento te necesito aquí, mas de por lo que veo te necesita papá.
–Gracias, sabes que prefiero estar contigo que junto a él, así sea que su trasero dependa de mi –asiento. –Ahora cuéntame, ¿Por qué tan risueño hace un momento? –chiteo y me coloco de pie, camino por el despacho. –Típico de mi hermano mayor, caminar de un lado a otro para no dar explicaciones.
–Eso no se le quita –comenta Alan, al verlo lo fulmino con la mirada. – ¿Qué? ¡Es verdad!
–Estén en sus asuntos y yo en los míos, ¿Quieren? –busco salir del despacho, pero un comentario de mi hermano me detiene.
–Si te has decidido a salir con ella, protégela –nos miramos fijo. –No vengo en son de estar como una nube negra sobre ti, pero las cosas no están muy color de rosa, se que no estamos en Austria, pero sabes que esa gente tiene a muchos regados por Europa.
–Jamás permitiré, que le coloquen una mano encima a Madelia –les veo a ambos. –Estoy dispuesto a luchar por lo que siento por ella y ni papá, ni todos esos endemoniados de la familia Keigh van a impedirme hacer mi vida con la mujer que quiero.
Rocko asiente levemente y Alan me mira fijo, me despido yendo a mi habitación y al entrar decido darme una ducha y ya irme a dormir.
..
–Deja de llorar como un marica –le miro fijo. –Deja de llorar por esa zorra que no le importo nada y se largó.
– ¿Cómo puedes referirte a mamá de ese modo? Y en un día como este –una bofetada me hace caer al suelo y gimoteo de dolor.
– ¿Crees que me importa una mierda el hecho de que la zorra de tu madre se largó de aquí? No eres más un niño de diez años, ya eres mayor de edad, deja de lamentar el hecho de que ella se largó y punto.
– ¿Ni siquiera te importa que mi hermana no está creciendo con nosotros? –papá comienza a reír a carcajadas, el resto de hombres que están a su alrededor ríen de igual modo.
–Fue un error para tu madre haber traído a una niña a este mundo, le exigí solo varones y el único normal que me dio fue a ti, porque ni siquiera Rocko sirve para una mierda.
–No sirve por tu culpa –me coloco de pie, limpio mis mejillas y le miro fijo, mi gesto va cambiando, mi sangre que hace un momento hervía se va apaciguando y me incorporo quedando intimidante ante él. –Culpas al resto de la invalides de Rocko, cuando fue tu culpa que él dependa de una silla de ruedas.
Al ver como mi padre reacciona y viene con prisa para soltarme una bofetada, yo lo esquivo con agilidad y soy yo quien le suelto un puño entre la nariz y su labio inferior. Esté suelta un alarido, sus matones vienen por mí y él lo evita, todos se confunden, yo me quedo a la espera, papá comienza a dar aplausos lentos y sonríe amplio.
–Por fin estas actuando como un Bernabéu –empieza a reír muy alto, yo me voy acercando sigiloso a él, abre sus brazos, esperando que lo abrace y hago todo lo contrario, le suelto una bofetada tan fuerte que se tambalea y termina cayendo de culo al suelo. – ¿Qué carajos? –me acuclillo y lo miro fijo.
–De ahora en adelante, piénsate muy bien si quieres golpearme, porque juro que te lo devolveré cuatro veces más fuerte –me mira con asombro. – ¿Querías un hijo digno de ti? ¿Sin sentimientos y emociones? Pues ahora comienza a lidiar conmigo de la forma en que lo deseabas y nunca me pidas clemencia, porque un verdugo nunca lo hace, padre.
Me incorporo y al verlos a todos, me alejo y tomo camino a la mansión.
..
Me sobresalto en mi lugar y me quedo estático con la mirada fija al techo, no sé qué horas han de ser, pero aun no amanece porque todo está en completa oscuridad. Volteo a un lado y noto que apenas son las cuatro de la mañana y al tomar asiento sobre el colchón decido tomar un vaso de agua y olvidarme de ese sueño recuerdo que recién tuve.
El sabor del agua me sabe amargo y dejo salir exasperado el aire retenido en mis pulmones que ni siquiera sabía que lo hacía. Me recuesto al espaldar de la cama y me quedo un instante con la mente en blanco, pero todo cambia en cuanto el rostro de Madelia se pasea por mi mente. Tengo ese impulso de querer llamar para escuchar su voz, pero me limito porque ella duerme y yo solo estoy una vez más recordando cosas que pensé ya había olvidado pero que desde que pisé Austria volvieron con más intensidad.
Decido recostarme nuevamente e intentar ya no pensar en nada para poder volver a dormir las horas que me faltan y ya no volver a esos recuerdos que me dejan saber que fue mi jodida decisión toda y cada una de las cosas que he hecho hasta ahora. Llevo uno de mis brazos debajo de mi cabeza y me quedo viendo el cuadro abstracto que está colgado en la pared, delante de mí.
–Madelia, solo deseo que seas capaz de hacer volver al Ridey bueno del pasado, y este que has estado conociendo ya desaparezca –cierro mis ojos. –Eres mi luz al final del túnel, y solo espero poder alcanzarte en su totalidad.
…
En silencio tomo el desayuno junto a mi hermano y mi amigo Alan, ambos en silencio y yo solo escuchando las noticias que dan en la tv. Reviso en el transcurso mi móvil y en eso me entretengo mientras como, el repentino carraspeo de mi hermano me hace verlo de reojo y alzo mis cejas a la espera de lo que pueda decir.
– ¿Qué pasa?
–Tampoco están en la India, fue una falsa alarma –suspiro. –Lo siento hermano...
–Descuida, ya daremos con ellas.
– ¿Tú crees? –dejo a un lado lo que hacía y me enfoco en Rocko. –Discúlpame Ridey, pero es que...
–Lo sé, tenemos años buscando a mamá y Dania –asiente. –Pero en algún lugar deben estar, y tú y yo daremos con su paradero.
–Hay que ser precavidos –comenta Alan. –La última vez estaban por descubrirnos y no podemos permitir que nos hagan retroceder.
–Por el momento necesito que estén al tanto si hay gente de los Keigh aquí en Londres –comento. –Necesito seguir sus pasos y no dejar que nos estén pisando los talones, esta guerra con papá se está volviendo insostenible.
–Me importaría una mierda si lo llegan a matar –dice Rocko con frialdad. –No entiendo porque nos involucran con él cuando siempre nos hemos mantenido lejos de él y toda su porquería.
–Por simplemente llevar su apellido, por eso –comento y me coloco de pie. –Estaré en mi despacho y no quiero que nadie me moleste –ambos asienten. –Por cierto, Rocko, necesito de una reserva en uno de los mejores restaurantes de Londres.
–Hay muchos, Ridey.
–Pues el mejor –tomo mi móvil. –Tendré una cita con Madelia el fin de semana, así que… –este sonríe y Alan de igual modo. –Dejen de sonreír, parecen idiotas.
– ¡Idiota parecías tu ayer cuando llegaste! –chiteo y tomo camino a mi despacho. – ¡Idiota enamorado! –grita mi hermano y al entrar a mi despacho, sonrió como un tonto y decido ya enfocarme en mis cosas.