Capitulo 20

1859 Words
Ridey Bernabéu Sujetando a Madelia en mis manos y presionándola sobre mi regazo, la rodeo por detrás y entonces nuestro beso se vuelve más ansiado, duradero e intenso. Jamás había sentido lo que siento con ella a mi alrededor, jamás había experimentado el hecho de querer siempre tenerla sobre mí, debajo de mí, a mi costado y en todas las formas posible de tenerla cerca de mi cuerpo. Mis manos ansiosas por tocar su piel, se encargan de adentrarse a su blusa y termino quitándola por encima de su cabeza, dejándome ver el sostén de encaje que yo mismo compre para ella. Al alejar un poco mi rostro del suyo, nos vemos y sonriendo de boca cerrada llevo mis labios a la línea entre sus senos. Olfateo, acaricio e incluso rozo mis labios en su piel, el jadeo que brota de sus labios me encanta y cuando por fin me encargo de su brasier y los tiros de este se deslizan por sus brazos, lo lanzamos a un lado y noto como el frio que recorre su piel logra que sus pezones se contraigan y los llevo a mi boca, comienzo a lamer y succionar con ansias. Madelia, con su respiración pesada, deja caer a un lado su cabeza y observo fugazmente como le encanta lo que hago y llevando mis manos a sus muslos les aprieto hasta deslizarme a su trasero. Sus manos se inquietan y pasa a tomar el borde de esta y la quita por encima de mi cabeza, el movimiento lento pero aniquilador de sus caderas me está pasando la jodida factura, porque para este punto la erección es tan dura que incluso me alzo un poco y ella suelta un gemido al sentir lo que ha provocado. Mis manos recorren su espalda, seguidos de cintura y llego hasta el botón y cierre de su jeans, me alzo con ella en mis brazos para tomar asiento en el sofá y teniendo mejor posición termino de arrebatar su jeans y ella logra deslizar el mío hasta mis rodillas. Sin esa tela gruesa en medio de nosotros, la humedad de su intimidad se siente aún más en mi erección, nos besamos tanto que, en medio de esto, Madelia sabe lo que hace cuando se desliza de adelante hacia atrás y no puedo evitar soltar un gruñido porque me está desesperando sus jodidos movimientos sobre mi regazo. La detengo abruptamente tomándola de sus caderas y al vernos, cuelo mi mano derecha entre nosotros, rozo un poco mis dedos por encima de la fina tela de su ropa interior, paso a llevar mi mano a la boca, humedezco mi dedo medio e índice y volviendo a su intimidad, aparto a un lado su pequeña braga y entonces al introducir mis dedos entre sus pliegues, suelta un gemido que para mí es melodía. Los movimientos de mis dedos que van y vienen lo que hacen es que su humedad sea tanta, que yo no pueda evitar llevar mis dedos nuevamente a mi boca para saborear y volver a ella. Repito esto un par de veces más hasta que con mi dedo medio y anular logro adentrarme en ella y comienzo a entrar y salir y los gemidos de Madelia son más y más ensordecedores. Observo como todo su cuerpo se contrae, como pasa a estar reluciente por el sudor que comienza a brotar de su piel, como no busca apartar mi toque y como incluso lleva sus manos a su cabello abundante y precioso para jugar con este mientras yo la hago mía de esta forma. Alejo mi mano de su intimidad y la rodeo por detrás, me alzo con ella en mis brazos y como puedo termino de quitar mi jeans, me encargo de estirar mi brazo para apagar las luces de la sala y la luz un tanto tenue de la cocina medio ilumina el lugar. Con Madelia en mis brazos, camino hasta las puertas corredizas, las deslizo hasta que quedan totalmente cerradas y entonces es donde la apoyo a la puerta corrediza de cristal y ella da un respingón al sentir el frio. Ambos reímos y al vernos nuevamente a los ojos, esa jodida atracción que tenemos el uno por el otro es tan intensa, que somos como imanes que de inmediato necesitan unirse y lo hacemos en un beso más anhelante y ardiente. –Cuéntame amor, ¿Alguna vez te han hecho el amor de esta manera? –susurro en sus labios, ella sonríe y niega. –Así que, es la primera vez que te follan en una puerta corrediza. –Sí, es mi primera vez –dice con esa voz dulce, bajita y sexy. –Pero, nos pueden ver, ¿No crees? –Madelia, me importa un bledo si alguien desde la distancia nos ve follando, no dejare de darte el placer que tú te mereces –ella sujeta alrededor de mis hombros, rodeando mi cintura con sus piernas me da la facilidad de bajar mi ropa interior, posicionarme en su entrada y darle una estocada que la hace soltar un gemido intenso. –Es muy excitante escucharte gemir de ese modo –le doy una estocada más, ella suelta un gemido más. –Por Dios, que, si por mi fuera, te follaria todos los días de mi vida. –Hazlo... –dice al momento de tomar mi rostro entre sus manos. –Hazlo todas las veces que tú quieras, amor. –No tienes ni idea, de lo que me gusta que me digas amor... –la veo sonreír, se mueve un poco entre mis brazos, para sentir aún más mi miembr* dentro de ella y me observa. –Pues hazme tuya como a ti te plazca, amor... –esos ojazos claros, esa piel brillante, ese cabello alborotado y precioso. –Mi amor, mi Ridey, mi hombre misterioso. Le bajo de mis brazos, le doy media vuelta, la apoyo al cristal de la puerta corrediza, me posiciono detrás de ella, para una vez más adentrarme, llevo sus manos por encima de su cabeza y comienzo a embestirla como un desquiciado. Madelia gime, grita y jadea de placer, me mira por encima de su hombro y noto como esto la excita mucho. Atajo sus labios y nos besamos, mientras que la tengo presionada y entro y salgo de ella una y otra vez, mis manos siendo un jodido desastre, la toca completamente y ella llevando su mano derecha detrás de mi cabeza se sostiene y eso me permite incluso penetrarl* más y más. Me detengo y la giro para así verla, la alzo en mis brazos y la llevo hasta la mesa del comedor, ella con rapidez aparta absolutamente todo, cayendo esto al suelo y haciendo sonidos estruendosos. Me importa un carajo para ser honesto, porque en este momento lo que quiero es entrar y salir de ella nuevamente, así que recostada sobre la mesa, abro sus piernas, una vez más me posiciono entre ella y al alzar la mirada y verla fijo, reúno un poco de saliva en mi boca que luego dejo caer en su clítoris y en ella al ver eso, no puede evitar susurrar: –Eso es jodidamente sucio y excitante... –se arquea, observo ese cuerpo precioso que tiene y sin tardar más, me adentro con fuerza en ella. –Eres preciosa, perfecta y a la vez muy sucia –me observa. –En el buen sentido mi sol –ríe bajito, se impulsa apoyándose de sus antebrazos, me detengo por un momento, sin salir de ella y me barre con su mirada todo el cuerpo. –Estas jodidamente bueno, Ridey –alzo mis cejas, ella se acerca hasta quedar sentada y apoyarse de mis hombros. –Tanto que me encanta verte completamente desnudo. – ¿Ah sí? –le doy una estocada, ríe. –Muchísimo, me encanta... Y es entonces cuando ya no puedo detenerme, porque las embestidas que le doy son intensas, ella también se mueve a mi ritmo, llevo mi mano izquierda a lo bajo de su espalda para atraerla aún más a mí y cuando aceleramos los movimientos de ir y venir, sus gemidos son más seguidos, su cuerpo entero se tensa al igual que el mío, lo hacemos cada vez más rápido y cuando ella ahoga un grito y su cuerpo tiembla en mis brazos, yo continuo un poco más para terminar cayendo sobre ella y dejando salir todo dentro de mí, llenándola a ella completamente. –Por Dios... –digo casi sin aliento, aparto mi rostro de su hombro y la miro. –Te quiero tan intensamente y con locura, Madelia. –Ridey... –ella besa mis labios. –Te quiero fuerte y con tanto amor. Ambos sonreímos, uniendo nuestras frentes y recuperando el aliento de este sexo tan intenso y ardiente. ... Estremeciéndome en mi lugar, me siento extraño y cuando abro de a poco mis ojos, recuerdo que no me encuentro en mi apartamento y al ver a mi lado, sonrió al ver a Madelia profundamente dormida, no sé qué horas son en este momento, pero lo único que sé, es que no quiero salir de cama y mucho menos sabiendo que ella está a mi lado. No tengo idea de que horas de la madrugada nos quedamos dormidos, porque lo cierto es que, después de haber tenido el sexo más sucio e intenso hasta el momento, un rato después no pudimos evitar volver hacerlo, pero ya ambos dentro de su habitación. La forma tan ardiente que Madelia expresa a la hora de tener sexo en parte me toma por sorpresa y me abruma, porque a simple vista, ella no trasmite esa carnalidad tan exquisita que tiene y joder, como disfruto que sea de ese modo conmigo. Intento buscar algo que me muestre la hora de la mañana que es, porque la pequeña claridad que se cuela por las persianas de su habitación me deja saber que es muy obvio que ya amaneció. Me giro un poco para evitar despertarla y noto el reloj de la mesita de noche junto a mí y noto que apenas son las nueve treinta de la mañana. Suspiro con alivio al saber que aun puedo disfrutar de seguir durmiendo con ella, pero no es hasta que el vibrar de mi móvil que se encuentra en el suelo, me interrumpe la idea y al ver un poco de quien se trata, salgo de la cama y lo tomo, porque es Alan y que me llame sabiendo que me encuentro con Madelia, es porque tiene que ser importante. Salgo en total silencio y me alejo lo más que pueda de la habitación de Madelia, respondo la llamada de Alan de inmediato. – ¿Si? –Solo por favor Ridey, no me insultes por interrumpirte, pero esto es jodidamente importante –entrecierro mis ojos. –No tenía pensado insultarte, porque sé que si llamas es por algo importante, ¿Qué ha pasado? –Es tu padre... –miro a un lado asegurándome que Madelia no venga de pronto, no quiero involucrarla tanto en mi mundo. –Ocurrió un atentado contra él y les ha salido como el culo. –Ok...
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