En cuanto Ridey aparca delante del local que le mencione y donde se encuentran mis amistades y compañeras de trabajo, él dudo un poco, pero sin embargo en este momento al verlo bajar de su coche y yo unírmele, llega a mi lado y noto un tanto de duda en su gesto, pero acerco mi mano a la suya y entrelazando nuestros dedos, observa y al verme a mí, esboza una corta sonrisa y asiente.
Nos acercamos a la entrada y para mi mayor sorpresa –y un poco de no sorpresa– los de seguridad conocen a Ridey y de inmediato nos permiten entrar. Muy temprano cuando estuve en el trabajo, les recordé a mis compañeros que llegaría un poco después de ellos, pero no olvide llevar de esa salsa que ellos aman comer y me disculparon solo porque cumplí con ello y eso en parte me alivio para salir más tranquila con Ridey.
Ambos tomados de la mano caminamos por el lugar, yo me encargo de buscar a mi grupo y al ver globos dorados y blancos, doy con ellos porque esos colores son los favoritos de la cumpleañera y le señaló a mi acompañante donde debemos acercarnos. Siento de pronto una sensación muy extraña en la boca de mi estómago, porque todos nos verán llegar juntos, tomados de la mano y no quiero que Ridey se sienta incluso algo incómodo debido a esto.
Al llegar y plantarnos delante de todos, nos miran por un instante con sorpresa y siento el agarre fuerte de Ridey en mi mano, pero de pronto todos sonrientes y felices de verme, se acercan y me saludan con mucho cariño.
– ¡Made, por fin has llegado!
– ¡Si Madelia, esperábamos por ti, tu eres nuestra líder en el karaoke! –rio ante ese comentario y asiento.
–Chicos, les presento a Ridey Bernabéu, él bueno, él es…
–Su novio –habla finalmente y le miro, él ya lo hacía. –Yo soy su novio, a partir de hoy –esboza una corta sonrisa y les da el frente a todos. –Un gusto.
Todos sonrientes le dan cálidos saludos y siento que su agarre se siente más suave y nos unimos al resto, mi jefa le mira y sonríe con amabilidad y le señala de pronto.
–Cuídala, tiene un corazón muy dulce y cálido.
–Sí, debes cuidar a nuestro turroncito de azúcar –dice Helen y al verla me guiña, de pronto todos comienzan a comentar cosas similares y me sonrojo.
–Chicos, chicos, dejen de abordar al pobre hombre –aparece Elisa, la cumpleañera, le ofrece bocadillos y mira fijo a Ridey. –No rompas su lindo corazón, porque no dudaría en utilizar mis dotes, para desteñir tu cabello azabache –en ese momento todos rompen en una risotada, Ridey toma un bocadillo y termino sonriendo amplio.
–Gracias por proteger a Madelia –me observa. –Pero sería un idiota si llegara a lastimarla, ni yo me lo perdonaría nunca.
Todos suspiran, yo me sonrojo y termino riendo, Ridey me guiña y vuelvo con el resto, notando que incluso él se está sintiendo tranquilo alrededor de tantas personas desconocidas. Porque si, en Boston nos reuníamos en grupos, pero todos para él son conocidos y aquí la verdad no, así que el solo hecho de que lo hagan sentir a gusto, me agrada incluso muchísimo a mí.
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En este momento, transcurrido aproximadamente casi dos horas, todos aplaudimos y cantamos para Elisa quien tiene una enorme sonrisa en sus labios, mientras observa las velas de su pastel y cuando finalizamos el canto, pide sus deseos y termina soplando las velas y todos aplaudimos para ella. Sus ojos mieles brillan muy bonito en este día de su cumpleaños, pero no es hasta que nuestra jefa Mara, se acerca y le entrega un sobre de obsequio y cuando comienza a ver de qué se trata, sus ojitos se llenan de lágrimas y abraza de inmediato a nuestra jefa.
– ¡Iré a ver a mis padres! Es un boleto de ida y vuelta a Cambridge –nos muestra y todos sorprendidos le felicitamos por ello.
– ¿Has ido? –observo a Ridey. –A Cambridge... –niego. –Oh nena, creo que tendremos muy pronto un tour por Londres.
– ¿Qué? –esboza una corta sonrisa y antes de que pueda seguir hablando, sueltan un chillido y me señalan.
– ¡Es hora de karaoke, Madelia!
Esbozo una enorme sonrisa y colocándome de pie, comienzo a dar saltitos de emoción y observo a Ridey.
–Amo el karaoke –me doy un sorbo de mi vaso de vodka y jugo para animarme más, él apoyando sus codos sobre la mesa, procede acomodar su quijada en sus manos y al verme fijo sonríe.
–Lo sé mi sol, lo sé.
–Iré anotarme, ya vuelvo.
Asiente y yo me encamino con Helen y dos compañeras más, vamos parloteando en el proceso y en ese momento siento que me toman del antebrazo y al ver de quien se trata, sonrió.
– ¡Edward! –le doy un corto saludo. – ¿Cómo has estado?
–Made, ¿Muy bien y tú? –en ese momento una pista de una buena canción suena y me emociono.
– ¡Oh Dios! Es una buena canción –me frustro un poco al escuchar New Rules de Dua Lipa y entonces Edward ríe, le imito. –Estoy muy bien Edward, permíteme ir anotarme y así elegir mi canción de esta noche –ríe y asiente.
–Anda, ve.
Asiento y llego con las chicas, nos anotamos con nombre y canción y en el proceso comenzamos acompañar a la chica que esta sobre el pequeño escenario y Helen comienza a bailar a mi alrededor, yo rio ante esto y disfrutamos un momento de quien está al frente en el karaoke.
– ¿Es el chico de la otra noche? –pregunta y asiento. –Madelia, es muy guapísimo –me sonrojo. – ¿Los puedo shippear?
– ¡Ay por Dios! Pensé que solo eso lo hacía yo con mis personajes de libros –reímos. –Por favor, hazlo y déjame saber en cuanto armes el Shipp.
– ¡¿Disculpa?! ¡Pero si ya lo tengo! –me toma de los hombros, me mira fijo. – ¡Ridelia! –chillamos.
– ¡Me encanta!
Nos abrazamos entre risas y cuando decidimos volver por el mismo camino, la sangre se agolpa en mis pies cuando noto a Ridey delante de Edward. Olvide el hecho de que ese hombre intenso, me investigo por mucho tiempo desde que me vine a Londres y sabe de Edward, es obvio que lo reconoció, de seguro tenía muchas fotos de nosotros dos en salidas y… ¿Por qué se acercaría?
Observo a Helen, ella me mira a mí se encoge de hombros, pero yo no tardo tanto en acercarme a ellos y cuando estoy casi llegando a ellos, escucho que ríen y frunzo el ceño porque es obvio que no esperaba eso. Termino llegando a Ridey y me coloco junto a él, ambos me observan y Edward tomando un trago de su vaso, me señala y sonríe.
–Tu novio es muy agradable –observo a Ridey.
– ¿Ah sí? –Ridey sonríe amplio.
–Nos vemos Madelia, que sigas disfrutando la noche, yo volveré con mi grupo de amigos –observa fugazmente a Ridey y asiente.
–Ok, adiós...
Edward se marcha y yo vuelvo a la mesa con Ridey, todos están parloteando, el resto esperamos nuestro turno para ir a cantar y entonces la duda se abre brecha en mi mente y me enfoco en el pelinegro quien se da un sorbo de su trago de ron. Este siente mi mirada sobre él y al verme, asiente y sonríe.
–Bien, ¿Qué le has dicho a Edward? –se señala así mismo.
–Pues nada amor –se encoge de hombros. –Que, si lo volvía a ver sonriendo contigo en otra oportunidad, le partiría la quijada para que por un tiempo no pueda hacerlo –me quedo perpleja.
– ¿Qué? –Ridey me mira neutral para luego terminar soltando una risotada. – ¡OYE!
–Dios Madelia, debiste ver tu reacción –niego y me cruzo de brazos. –Es broma, mi sol... –le miro. –O quizás no.
– ¡Ridey! –nos quedamos por un momento mudos, para terminar, riendo a carcajadas. –Oh Dios, pobre Edward –niego.
Me toma por sorpresa el repentino acercamiento de Ridey, tomando mi rostro entre sus manos y uniendo su frente a la mía. Llevo mis manos a las suyas y nos miramos fijo, sonreímos y deja un casto beso en mis labios.
–Verte sonreír con alguien más, es como sentir que me parten las costillas, Madelia... –niego un poco. –Soy un jodido intenso en esto del amor.
–Me gusta que lo seas –entonces siento como todo a mi alrededor se desvanece y me siento hipnotizada por nuestra cercanía. –Eres el hombre más misterioso e intenso y creo que eso es lo que me tiene loca por ti, desde Boston.
– ¿Disculpa? Tú no tienes idea de lo loco que tú me pusiste a mí en cuanto te vi por primera vez.
–Ridey...
–Te mande a investigar desde el día uno, porque soy tan como soy, que ni siquiera te pregunte directamente a ti, preferí investigarte, que idiota –reímos y niego. –Debí aprovechar de acercarme más a ti y no cohibirme por no querer sentir esto que siento.
–Quiero saber todo de ti, absolutamente todo, yo necesito saber todo eso que ocultas, mi Ridey...
–Yo...
Y en ese momento todo a nuestro alrededor vuelve, la música, el canto, las personas hablando y entonces noto cuando Ridey desvía la mirada por encima de mi hombro, mira fijo por un instante y cuando estoy por ver de qué se trata lo evita y sonríe.
– ¿Me esperas aquí? Debo ir a resolver algo.
– ¿Ocurre algo? –sonríe y niega.
–Solo espera aquí, ya vuelvo.
Y así sin más, Ridey se coloca de pie y se marcha por un momento, yo observo al resto y tomando un sorbo de mi bebida, evito a toda costa que se me note la leve angustia que se me ha formado en la mente y me uno al resto de mis compañeras y así olvidarme por un instante que Ridey se ha ausentado.