XXI

1394 Words

Crucé aquella vieja puerta con temblores en todo el cuerpo, una gota de sudor viajó desde mi cuello y recorrió toda mi espalda. El hombre y el niño estaban sentados en el sofá mirando el televisor, todavía no se habían dado cuenta de que habíamos entrado a la casa. Me quedé observando al pequeño, su pelo era igual al mío, la expresión en sus ojos y la forma de su boca. Tenía las orejas de Andrea y las cejas pero aquel rostro era la forma diminuta del mío. Era como verme a mi de niño. Mi hijo era idéntico a mi. Demasiado increíble. Pasé la mano por mi cabeza aún más nervioso. — Tranquilo, que él no muerde. — Andrea parecía disfrutar con verme así, quizás no era una venganza pero ella saboreaba cada minuto que yo pasaba convertido en un manojo de nervios. — Disculpen, chicos. — Llam

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