—Y yo a ti, tonto, tonto, tonto. Nunca pensé que después de diez años aparecerías por aquí, siendo que hoy se cumplen diez años exactamente desde el día que te marchaste. Odié mucho ese día, Brian, lo odié mucho —sollozó ella, haciendo que él sintiera un frío recorrer su cuerpo.
—Lo siento…
—Prometiste que vendrías y no lo hiciste.
—Nuevamente, lo siento… pasaron muchas cosas.
Evadió un poco las quejas, porque su mente divagó justamente en las palabras que ella había dicho inicialmente…
¿Cómo era posible que justamente hubiera vuelto el día que se cumplían diez años de haberse ido del lugar?
Su cuerpo tembló ligeramente y su mirada se desvió hacia la mansión en la que había estado minutos atrás, ¿qué quería decir esa extraña coincidencia?
Si bien la situación había sido demasiado curiosa y distaba mucho de lo que podría considerarse “una casualidad”, Brian no podía dejar de pensar en lo afortunado que había sido de encontrarse, justamente, con su amiga de la infancia, la que tanto quería y con la que sentía que tenía un vínculo especial.
“Mi chica” —pensó él, pese a que una voz en su cabeza le decía que “su chica” era Quinn, no Gabrielle, pero realmente no le interesaba la rubia.
Y, para hacerlo mucho mejor, resultaba ser la chica más interesante que hubiera conocido en su vida. ¿Qué clase de brujería era esa que de repente se había posado en él para no dejar de verla y anhelar un mayor contacto con la pequeña?
—Yo también odié marcharme, enana, pero no me quedaba de otra —expresó él, hablándole por fin y sin dejar de acariciar su cabello, como hacía cuando eran más pequeños—, cuéntame… ¿qué ha sido de tu vida? —cambió el tema para que no se tornara una conversación triste, sino que pudieran hablar más amenamente.
Además, a Brian notoriamente le preocupaba mucho el hecho de no recordar casi nada de su infancia y empezó a darse cuenta de que no estaba seguro de casi nada de lo que había vivido… ¿cómo había olvidado cosas tan importantes? ¿Cómo había olvidado todos los momentos con Gabrielle?
Se preguntó, incluso, por qué se centró tanto en hacer lo que su familia quería y no pensó en su tan querida amiga.
—Pues, después de que salí de la preparatoria, he estado trabajando para tener dinero e ingresar a una buena universidad. Ya me aprobaron la beca y este año entraré a la Universidad Central de Doriuxs. Estudiaré Medicina… ¿y tú qué tal? Ay, Brian, te he extrañado muchísimo, me has hecho tanta falta —dijo apretándolo contra ella tanto como su fuerza le permitía, pero lo suficiente como para que él sintiera un poco de dolor con la presión.
—Bueno… mis tíos están muy bien ubicados y conseguí mi ingreso a la universidad muy rápido, estoy estudiando Derecho, también en la Universidad Central de Doriuxs, que curioso, de verdad, son muchas coincidencias —habló dejándose llevar por el fuerte abrazo que le estaba dando ella, para ser una chica tan “delicada”, era bastante fuerte—. Me gusta la idea de ser abogado, pues quiero que haya más justicia en el mundo y siento que cada día el mundo va en mayor decadencia.
Ella lo miró con ilusión, separándose de él, sus ojos brillaban como si fuese la primera vez que se veían y realmente habían pasado unos cuantos años desde la última vez que habían estado juntos.
Brian no podía dejar de preguntarse por qué no la había buscado en todo ese tiempo, pero intentar que su mente buscara una respuesta a ello, lo hizo doler la cabeza ligeramente, así que pensó dejarse llevar y que fuese ella quien explicara todo, seguramente sabría mejor que él sobre su separación y lo que había pasado hacía ya diez años.
“Diez años” —pensó él—. “¿Cómo es que llegué aquí justo diez años después?” —siguió preguntándose.
No tenía ningún sentido, era mucha “coincidencia” y tantas coincidencias hacían que dejara de parecer una coincidencia… y era más preocupante tras el reciente suceso en la casa en la que había estado.
Pero no pudo seguir pensando en lo que había pasado, pues en ese momento Gabrielle se separó de él y habló nuevamente:
—Ven… te invito a mi casa.
Ella tomó su mano fuertemente, para llevarlo consigo hasta su hogar.
En tan sólo esos minutos de reencuentro, la chica le demostró esa energía tan desbordante que era “característica de ella” (una característica que él no sabía cómo estaba tan seguro de recordar), con esa ingenuidad y actitudes de niña que la hacían ser tan dulce y que mostraban que no había cambiado casi nada desde la última vez que la había visto.
Quizás parecía algo alocada, pero su inmadurez la hacía más linda de lo que cualquier otra chica podía verse… mucho más que Quinn.
Definitivamente su enana era de esas personas que, a pesar de no tenerlo todo, demostraban lo valiosas que eran, de esas personas que el mundo necesitaba. Ella era la pureza convertida en un ser humano.
Gabrielle habló por todo el camino, que no era mucho, ya que estaban a menos de trescientos metros de distancia, diciendo muchas cosas que sinceramente Brian no escuchaba, sabía que ella era habladora y en muchas ocasiones decía cosas nada importantes, sólo contando tonterías sobre su día a día e incluso haciendo referencias a películas o series que había visto.
Mientras ella hablaba, él sólo se estaba dejando llevar por la pequeña y agradable joven que lo arrastraba por la calle y que lo llevaba como si fuese su perrito faldero.
“Algo me dice que definitivamente fui su perrito faldero en aquel tiempo” —pensó divertido, mientras era arrastrado por la calle.
Como a ella le gustaba ser escuchada, él simplemente la dejaba hablar y fingía prestarle atención o en ocasiones la escuchaba para entender el contexto general de lo que estaba diciendo. Sin embargo, en ese momento simplemente la dejó hablar, embelesado por esa dulce voz. Al final, a Gabrielle muy poco le interesaba oír lo que los demás quisieran decir, sino que sólo se interesaba en ella misma la mayoría del tiempo.
Le parecía irónico que ella quisiera estudiar Medicina en lugar de Relaciones Exteriores, Comunicación Social, Derecho o cualquier carrera que necesitara de mucha comunicación y en la que pudiese hablar todo lo que quisiera.
Él, sin embargo, se sentía hechizado con su presencia, tanto que ni siquiera notó cuando finalmente llegaron ante la casa. La N° 18 de la manzana que quedaba detrás de la mansión embrujada.
Miró el lugar, era la casa más sencilla del vecindario. Tenía una fachada no tan agraciada como la de otras casas y unos muebles algo destartalados en la entrada, pero él veía esa casa muy linda porque dejaba entrever el gran amor que tenía esa humilde familia. Intentó recordar cuántos y quiénes eran los familiares que Brian conocía de la pequeña, pero en eso no tuvo éxito alguno.
“Me tocará utilizar mis tácticas de abogado para hacerle creer a todos que sé quiénes son” —pensó él, algo preocupado por la situación, pero dispuesto a lo que fuese necesario por Gabrielle.
El amor y buena vibra que sintió en el ambiente caminando hacia ese lugar no tenía precio. Sentía que amaba infinitamente ese entorno tan diferente a lo que estaba acostumbrado; y se sintió tonto al pensar que no le gustaban realmente las casas grandes o las cosas ostentosas, como la mansión de sus tíos, un lugar en el cual no podía hacer prácticamente nada, en donde nunca había podido jugar porque ellos decían que “podía romper algo”.
—Home, sweet home —dijo ella con calma y Brian se adentró en el recinto.
Que lindo era estar en un verdadero hogar.