Anoche apenas si pude pegar el ojo un poco, bastaba con cerrar los ojos y la imagen imponente del jodidamente sexy señor Miller venía a mí, cuando menos pensé la alarma de mi celular sonó, era hora de ponerme de pie y sinceramente, no tenía ni la más mínima gana, generalmente, despierto de buen humor y con una pizca de optimismo, esté día no.
— Preciosa tu cara — bien no estoy para las acidas bromas de Kyle, de verdad no estoy de humor. Él sonríe de lado, y le observo está de más decir que mi mejor amigo es un diez totalmente, guapo pero del tipo discreto, ya saben bonitas facciones, ojos penetrantes, músculos en el los músculos, derivado de su trabajo como entrenador físico, un pecho tan ancho que amarías ahogarte en el, muslos gruesos de los amarías morder — te puedo regalar una foto, igual sirve — me reprocha y es entonces cuando noto la ligera pero muy notoria erección en mis pantalones.
— No es por ti baboso — trato de defenderme, pero sé que para él da lo mismo, ama ser observado y deseado por las personas. Dejo la taza semi vacía en el fregadero y tomo mis cosas para salir con destino a mi trabajo.
— Paso por ti sobre tu hora de salida, te invito a cenar — me dice mi amigo mientras toma su botella de agua ionizada.
— ¿Qué cenaremos? — pregunto para prepararme mentalmente a veces toma decisiones muy malas.
— Algo rico ya sabes — su vista me recorre con descaro y lubrica sus labios con la punta de su lengua, eso no ayuda al nivel de calentura que estoy manejando este día, porque aunque es mi amigo, no puedo evitar sentirme así — ¡amm! brochetas de cordero ¿sirve para ti? — le doy un si con la cabeza, por que me siento ahogado, corro escaleras arriba a encerrarme en mi baño, para poder masturbarme antes de salir, lo necesito.
Todo el día va transcurriendo de manera gris y aburrida, aunque el departamento de gestión de campañas dentro de la empresa, está a la vanguardia, no dejo de estar encerrado entre paredes en tono azul agua y cristales, junto a cuatro personas, que podría apostar si no estuviera, si me fuera, o si ya no regresara mañana, no lo notarían.
Aprovecho la hora de la comida para poder salir corriendo y tomar un poco de aire, me veo llegando a una tienda subway, por uno del día y una botella de agua, empiezo a comer de manera lenta, disfrutando de cada bocado, me despido de Diana la chica que atiende y ella como casi siempre me envuelve una galleta de doble chocolate para el camino, empiezo a creer que es su manera de decirme "Hey me gustas ¿sabías?" pero trato de ignorarlo lo más gentil que puedo. Lo lamento chica linda, pero soy del equipo contrario, estamos buscando lo mismo.
Al regresar al edificio, voy directo a la cafetería del piso numero siete, tres chicas están conversando sin pudor algo sobre una de ellas que ha follado en la cama de sus padres, estando ellos abajo adelantando la cena, preparo lento mi café y de pronto una de ellas empieza a suspirar, mientras otra la calma diciéndole que no se desespere que su hombre ideal está ahí afuera, esperándola, que solo debe encontrarlo, las tres chicas pasan de mi y salen del área.
Sin darme cuenta comienzo a darle peso a las palabras y me descubro haciendo una lista de las cosas que me gustarían en mi hombre perfecto, probablemente de mi edad, guapo a la vista nada exagerado, sin nada de corbatas y trajes caros, si no, de gafas, jeans y cabello revuelto, inteligente pero divertido, en fin, se vale soñar Evans.
En la cuestión de la cama tiene que ser algo bastante bueno, algo mejor, algo intenso; por que a pesar de que en esas cuestiones todo ha sido divertido y satisfactorio, algo en mi no me deja en paz con la idea de que tiene que haber más. El estallido, eso explosivo, no lo sé.
Son más de las siete hace exactamente, una hora que debí haberme ido a casa, y tengo a Kyle sentado frente a mi, pero la verdad perdí la noción del tiempo queriendo dejar todo en orden y listo para mi jefe, no soy un lame culos, solo me gusta hacer mi trabajo de manera correcta para evitar los jodidos llamados de atención, más si estos venían del señor Hunt.
Le digo con la cabeza que podemos irnos, ya estamos con un pie afuera, casi, casi sentía la brisa sobre mi rostro, me había despedido de Denis el guardia en turno y cuando justo empezaba a saborear mi libertad, escucho un grito en seco — ¡Evans! — me giro un poco confuso al escuchar mi apellido, la imagen de Liam Soun aparece ante mí.
Aproximadamente 1.80 m de algo hermoso, castaño, sonrisa de comercial, con un codazo de mi amigo salgo de mi embobe casi de inmediato, que conste que dije casi — ¿es a mí? — él mira a mi alrededor y rueda sus ojos a blanco.
— Si, es a usted ¿acaso hay otra persona de apellido Evans trabajando con nosotros y aún no lo conozco? — ¿tiene que ser así de grosero? — bien Evans veo que está por marcharse, pero antes necesito que haga una diligencia más.
— Lo siento, pero no soy parte del equipo de mesa de control — tuve que explicar para que no supusiera que puedo arreglar cualquier cosa que hayan descompuesto a causa de ver porno a deshoras.
— ¡Lo sé ! lo que necesito que haga es algo más sencillo — replica mostrando su bellísima sonrisa — necesito que lleve estos papeles a casa del señor Miller hijo, su asistente se ha marchado y las empresas de paquetería ya están cerradas, en obviedad le pagaremos el transporte que utilice y se generará un bono extra en su próxima nomina — aún sigo sin saber por que pero acepte con la cabeza — perfecto, la dirección esta en un post it.
Quince minutos más tarde un uber y con un Kyle bastante molesto nos detenemos afuera del edificio, y verifico la dirección que había ingresado como destino final — ¿2503 de la avenida Kramer? — pregunta mientras me recorre de arriba abajo como adivinando que por mi manera de vestir no correspondo a ese sector de la ciudad.
— ¿Será rápido cierto? — Kyle suele ser como un niño chiquito encaprichado cuando algo no sale como el planea.
Le doy un si con la cabeza mientras verifico a nuestro chófer — ¿St. Leiner? — certifico mientras el chófer se gira para dar por iniciado el viaje, al llegar al sector pude darme cuenta enseguida el porque de la reacción del tipo, en este barrio te daría mover siquiera una hoja seca, todo parece perfecto, como salido de una película de Hollywood, y la casa del señor Miller se ve tan imponente como él y perfectamente combinada en tonos neutros.
Lo primero que hago es llamar por el interfono — ¿qué se le ofrece? — se escucha una voz a través del aparato, esto comienza a ponerme nervioso, en todas las peliculas de terror y suspenso hay una escena así.
— Soy Callum Evans, el señor Soun me ha enviado con unos papeles para el señor Miller — no obtuve respuesta, pero apenas un minuto después la puerta que da a la calle se abría y una chica alta vestida en traje de trabajo me da el pase y con un ligero movimiento de manos nos indica hacia donde tengo que seguirla — ¿nombre de su acompañante? — su manera de hablar es bastante fría.
— Kyle Smith, estaba conmigo cuando me pidieron está diligencia — ella suspira cansada y asiente sin decir nada más.
El interior no es nada distinto al exterior, todo exquisitamente decorado, tan masculino, y asquerosamente caro — el señor Miller bajará en un minutos — me informa la misma chica mientras se pierde entre un par de paredes.
Los minutos pasaban y mi poca tolerancia a la espera se hacían presente, veintidós minutos y aún no baja ¡maldita sea!, cuarenta y tres minutos y nada ¿qué acaso este tipo piensa que tengo todo el tiempo del mundo?
— ¿Vamos a pasar aquí toda la puta noche? — cuestiona mi amigo igual de enfadado que yo.
— ¡Claro que no! podrá ser el dueño, pero eso no le da el derecho a tenerme aquí sin más. Estamos por marcharnos, sin saber muy bien el camino a tomar ya que la gente de esta casa parecía haber desaparecido — esto no puede ser — suelto en un murmuro.
— ¿Qué hace aquí señor Evans? — doy un leve respingo al darle cara a esa voz, es Robert Miller, en todo su esplendor.
— Le traigo esto, me lo ha encargado el señor Soun — Robert, si por que en mi mente me permito tutearlo, se come la distancia entre ambos con solo dos puñeteros pasos, toma el sobre de mis manos y por un microsegundo nos tocamos, fue lo suficiente para que mi cuerpo le respondiera involuntariamente.
Su vista gira a Kyle, no pierdo detalle en como lo barre, y no lo culpo si fuera la primera vez que lo yo lo viera, pasará exactamente eso — No me gusta gente desconocida en mi casa — dice para todo y para nadie.
— Tenía una cita para cenar con él, pero dada la espera creo que se ha perdido. Robert no dice más, su gesto es neutro y llega a ser incomodo.
— Esperen aquí, tal vez, debe regresar los documentos de vuelta — no lo pide, lo ordena y sin que yo pudiera responder nada, sube de a dos los escalones. Estoy molesto y mucho, pero eso no me evito que lo observara, ahora sin saco, ni corbata, su camina arremangada hasta los codos y la imagen ahora si completa de un par de tatuajes que me dejan, con más dudas que respuestas.