Capítulo V Cuando visitábamos la Catedral de Cracovia, me di cuenta de un detalle, era muy fácil poderse esconder en al menos cinco sitios. Se podría pasar desapercibido y ninguno se daría cuenta de que habría allí nadie, pero seguro que el que lo intentara, no sería tonto y también sabría que esos lugares estarían bien vigilados, así que opté por alejar esos pensamientos de mi mente en esos instantes y centrarme en otras ideas. Siempre hay que ponerse en la piel del otro, tratar de pensar en lo que él puede hacer, así es poco más o menos como se debe actuar. Claro que no es fácil, las mentes de esos sujetos son a veces tan retorcidas, que por mucho que se intente, es imposible saber que llegarán a pensar, pero para eso estábamos haciendo este viaje. No eran unas vacaciones, era trabajo,

