Capítulo VI Acababa de levantarme y lo primero que hice fue acercarme a la ventana para ver qué tal día hacía, cuando me encontré con una espesa niebla que hoy no dejaba ver el exterior. ¡Qué día más diferente del que tuvimos ayer!, en que el calor no nos dejó casi disfrutar de la ciudad, era un agobio raro, parecía que el sol estaba como muy cerca y la cabeza se me calentó, de una forma que nunca me había pasado, pensé en más de una ocasión, “esto no me sucede ni en Sevilla cuando rebasamos los 40 grados”. La ciudad nos esperaba, teníamos que seguir recorriéndola, debíamos conocer los entresijos de este lugar, familiarizarnos con el entorno, para cuando lo necesitáramos no tener problemas. ―¿Qué tal hace? ―me preguntó Marta aun medio dormida. ―Pues parece que esta noche nos han quitad

