La luz del día hizo que me despertara. Cuando abrí los ojos encontré el bello rostro de Lena junto al mío y el corazón, como siempre que la veía, me dio un vuelco. Me sentí más feliz que nunca. Era la primera vez que pasaba la noche entera con ella. Aún dormía profundamente, por lo que no me moví para no despertarla, solo me dediqué a contemplarla en la proximidad, sabiendo que nadie, ni siquiera ella, interrumpiría aquel momento durante un largo rato. Parecía una niña, casi tan cría como yo. Hasta su cuerpo parecía más pequeño de lo que en realidad era. Respiraba con regularidad y su peso sobre el mío me hacía pensar que aún se hallaba lejos de despertar. Una de sus manos reposaba en el comienzo de mi pecho, dándome calor, y una de sus piernas descansaba entre las mías. Me hubiera quedad

