Narra Alondra
Mi cuerpo temblaba y la agitación de mi corazón me recordaba que el peligro era inminente. Sentí el frío sudor que recorría mis mejillas, había sentido el peligro muy de cerca varias veces cuando me escapaba de noche a caminar por la ciudad.
Sin embargo estruje la botella de agua con todas mis fuerzas y cruce al comedor.
La escena me pareció perfecta, los dos ahí en el comedor completamente indefensos. Damián tenía su rostro encima del plato de la comida, Carlos por el contrario tenía su cabeza recostada al espaldar de la silla, sus ojos estaban cerrados, pero en sus manos aún estaban los cubiertos.
Exhale y sentí como mi cuerpo recuperaba el aire y la serenidad, sin embargo apenas puse un pie en el primer escalón, la sangre se volcó en mi rostro al escuchar:
__¡Pequeña traidora! __Dijo Carlos mientras soltaba los cubiertos y caían al piso. No quise volver el rostro, porque mi determinación era más grande y no perdería el valor aunque sus amenazas me aterrorizarán.
Siempre había hecho conmigo lo que se le antojaba, me aterrorizaba cuando llegaba borracho, porque se tornaba violento, me insultaba y en ocasiones me abofeteó, bueno en realidad así se comportaba con todas las mujeres de la casa, pero yo lo veía llegar y salía corriendo a esconderme debajo de mi cama o en el clóset.
Era una pesadilla en vivo, nos hacía pasar los momentos más incómodos deteriorando nuestra integridad. Nos hacía creer que no servíamos para nada, qué solo su inteligencia y habilidad para los negocios era lo que nos mantenía a flote.
Acorde a cómo iban pasando los años aprendimos a tolerar sus insultos, pero no puedo negar que nos rebajaba a tal nivel que nadie en la casa hacía algo sin consultarlo primero.
Incluso Danyra temblaba cuando lo veía enfurecido, pero no puedo negar que muchas veces me defendió y terminó golpeada, creo que llegó el momento en que decidió que ya no le importábamos para defenderse de él.
Con estos recuerdos tristes, seguí subiendo los escalones de dos en dos, entré al cuarto, me agaché debajo de la cama tomé el equipaje. Me quité el vestido de chifón floral favorito, Danyra me ayudó a escoger mi vestuario siempre, fue la que me inculcó el amor por los grandes vestidos, la única ropa diferente que tengo en el clóset son pijamas de seda.
De resto puedo elegir desde modelos clásicos hasta los modelos modernos de las más prestigiosas diseñadoras, ahora que lo analizó es de lo único que Danyra se ocupó de mi, siempre quería que luciera muy elegante, decía que me hacía ver un poco mayor y aparentaba tener más edad.
Yo disfrutaba eligiendo modelos cada vez que le llegaban los catálogos. A las demás nunca las pudo convencer de elegirlos sus vestuarios. ¿Tan aburrido será mi estilo? ¡Nunca lo sabremos! Porque no pretendo volver a ponérmelos.
Bueno pero ahora llegó el momento de modernizar mi forma de vestir, tomé un pantalón n***o de cuerina y me lo puse, me quedaba estupendo, pero las pantys se me marcaban mucho así que me los quité nuevamente y cambié el cachetero por una tanga roja, esta vez al mirar en el espejo se veía diferente, me gustaba más, me puse un bralett blanco y una polera azul que tenía un enorme corazón en lentejuelas verdes en el pecho.
Pero no me agrado como me veía, así que tomé un top blanco de tirante, me quedaba mi abdomen al descubierto, al verme reflejada en el espejo me agradó. Me veía como las chicas de mi edad que veía en la televisión. ¡Decidido, me lo quedo! Luego tomé una chamarra de jean azul y unas zapatillas deportivas blancas con franjas doradas.
De nuevo me observo en el espejo, el cambio era extremo, nunca me había vestido de esta forma. Era fresco, lindo y mi cuerpo estaba tonificado. Me sentía bien, luego mire mi cabello…
Creo que donde fuese me reconocerían inmediatamente, mi cabello es la parte de mi cuerpo que más cuido, adoro peinarlo y nutrirlo con mascarillas capilares, acondicionadores, y todo lo que le generé vitalidad. Y el me lo agradece con suavidad y brillo.
Sin embargo también he pasado grandes sustos a causa de él, en una de mis escapadas nocturnas a caminar por el parque y tomar aire fresco, una noche cualquiera se me acercó una señora de aproximadamente unos cuarenta años. Primero me saludo muy amablemente y yo le respondí, luego empezó a tocar mi cabello y me dijo:
__¡Tienes una fortuna en tu cabeza niña! __ Pero la verdad pensé que se refería a otras cosas y no le presté atención, seguimos caminando en insistió otra vez:
__¿Sabes cuánto te pagarían por esa fortuna que cargas en la cabeza? __ Entonces me quedé pensando y le dije:
__ ¿De qué fortuna estás hablando? __ De verdad no tenía ni la mínima idea de sus comentarios. Y muy tranquilamente dijo:
__Me refiero a tu cabello. Es un cabello virgen y pagarían una buena cantidad de pesos por venderlo. __ Entonces me pareció curioso y casi a modo de burla le respondí:
__ ¿Por mi cabello? Y ¿para qué les serviría mi cabello? __ Yo seguía super confiada caminando por la calle con la señora sin fijarme que me estaba alejando un poco de la claridad de la luz. Pero la señora era tan agradable y divertida que nunca llegué a pensar que formaba parte de una banda delincuencial que agarraba a las chicas y les robaba el cabello.
Tendría trece años para ese entonces, estaba más loca que una cabra y por salir a disfrutar de otro ambiente no me importaba nada. Entonces en un momento la señora hizo una llamada y me pidió que la acompañara a una casa a buscar a su bebé. Me pareció tan lindo que accedí y me fui con ella.
Caminamos por varios minutos y llegamos a una casa pequeña pero muy bonita, entramos y me quedé esperando en la sala. A que la señora regresara con su bebé, yo veía que hacían llamadas y corrían dentro de la casa. Entonces la señora regresó y me traía un vaso de agua, pero no le quise recibir el agua, era la única condición que Jena me había puesto. No podía recibir ni una sola gota de agua en la calle aunque me estuviese muriendo de sed.
Luego insistió trayéndome un poco de gaseosa, que de forma educada también rechacé, inclusive me trajó café y aunque estuve tentada me mantenía firme a la promesa que le había hecho a Jena.
Pasaban los minutos y ya me estaba preocupando que la señora no traía a su bebé para irnos, pasados unos quince minutos tocaron la puerta y eran tres hombres recuerdo que uno tenía un gran tatuaje en la frente y una sensación de miedo se apoderó de mí.
Sin mucho misterio se ubicaron uno a cada lado y en el momento en que me intenté levantar ambos me sujetaron por los brazos y me obligaron a sentarme de nuevo. Uno de ellos preguntó:
__ ¿En cuanto nos vendes tu cabello? __ ¿Qué? Estaban locos, yo no tenía interés en deshacerme de mi preciosa cabellera. Y les dije:
__Mi cabello, no está es venta. ¡Muchas gracias, pero no! __ E intenté levantarme otra vez. Pero de nuevo me obligaron a permanecer sentada. Y él que tenía el tatuaje se acercó con unas tijeras y dijo:
__ No lo quisiste por las buenas, será por las malas. __ Me inmovilizaron y taparon mi boca para que no gritara. Mientras tanto yo trataba de patalear y defenderme pero era inútil, los dos sujetos tenían demasiada fuerza y no podía hacer prácticamente nada.
Me mutilaron el cabello horrible, lo habían cortado de raíz, cuando vi la escena de Rapunzel donde le cortan el cabello, reviví esa escena. Fue terrible para mí, lloraba porque ahora como iba a justificar ante Carlos lo que había hecho. Por un momento pensé en no regresar a la casa pero apenas me dejaron ir, corrí lo más fuerte que pude, llegué a casa y mis hermanas se reunieron para ver lo que me había sucedido.
Me iban a cubrir y diríamos que estaba aburrida de tener el cabello tan largo y había decidido cambiar el estilo. África hizo magia con sus manos y nuevamente quedé con un corte de cabello decente. Después de esa noche mis hermanas me hicieron prometer que no volvería a salir a la calle... Pero con el tiempo ya se me había olvidado y seguía escapándome a caminar por las calles.
Pero ahora recuerdo que tengo el tiempo contado, salgo cargando mi maleta y voy rápidamente al cuarto de Nairobi, bajo la caja con las tijeras, peines, y cosas que usa para desenredar su cabello, tiene un cabello rebelde al que no quiere dejarlo de forma natural y siempre lo está maltratando con desriz y eso la lleva a cortarlo frecuentemente.
Busco en las siguientes cajas pero sigo sin encontrar lo que me sacara de apuros, abro el clóset y ahí estaba lo que buscaba: sus peluquines.
Entonces los saqué con cuidado para elegir el más convincente. Opté por elegir una peluca corta, me senté en la cama, divide el cabello en dos secciones, hice dos trenzas que me quedarán ajustadas al cuero cabelludo, tomé una malla negra arregle mis trenzas detrás de mi cabeza en forma de zigzag y las sujeté con pequeñas pinzas, me puse la malla en todo mi cabeza para reducir el volumen del cabello y luego la peluca, tenía experiencia porque la mayoría de veces le ayudaba a Nairobi o me quedaba observando como lo hacía.
_¡Perfecto! __ Dije al mirarme en el espejo, también tomaría unas gafas de sol y estaría irreconocible. Guardé todas las cosas en su lugar, salí y empecé a bajar las escaleras. Intuí que ya eran las tres de la tarde porque el sol estaba entrando por la ventana y se reflejaba en el espejo creando a su vez un brillo cegador, era mi parte favorita de la tarde, porque el efecto que producía en las personas era fabuloso, me encantaba ver los ojos de mis hermanas encandilados por esa luz. Jugábamos a quedarnos ciegas por instantes mientras la luz difusa se dispersaba en nuestros ojos. Suspiro y sigo bajando, esta vez con más rapidez y decisión.
Camino hasta el comedor donde están aún inmóviles estos sujetos repugnantes, hasta su olor produce desagrado, olería más agradable un gorila…
Arrugo mi nariz porque debo hurgar entre sus bolsillos para sacar las llaves de la casa, en el primer bolsillo que reviso tiene su teléfono, una caja de cigarrillos, dinero y nada más, devuelvo todo menos el dinero. ¡Yo no lo considero un robo! Él nos ha quitado más que eso. Busco en el otro bolsillo y ahí estaban las llaves, las tomé y levanté la cabeza de Damián, por lo menos no quería que se ahogara con una lechuga que amenazaba con meterse en sus orificios nasales.
Abrí la puerta, regresé nuevamente al comedor y puse las llaves en su bolsillo, salí, cerré y dejé dentro a la vieja Alondra, ahora sería una nueva persona. Pero ¿a dónde ir? Entonces repasé mentalmente el número de teléfono de Eduardo, él me ayudaría o daría ideas para empezar de nuevo. Caminé hasta un kiosko donde alquilan los celulares y le marqué.
__Eduardo, soy Alondra… Me escapé de Carlos y Damián, los sedé con lorazepam y tengo unas cuantas horas hasta que despierten, ahora no sé ¿qué voy a hacer? __Le dije mientras me rascaba la cabeza con desespero, nunca pensé que cargar un peluquín fuera tan complicado.
__¡Alondra! Gracias a Dios apareciste, te he buscado por toda la ciudad, hasta fui a la morgue más cercana, niña. ¡Jamás me perdonaría si le falló a Danyra! __Dijo y en sus palabras percibí alivio, luego prosiguió diciendo: __Lo estuve pensando, mi niña, lo mejor es ingresarte en bienestar familiar.