(Narra Alondra) Han pasado muchas horas aquí encerrada, me han tratado de interrogar de todas las formas posibles pero no conseguirán nada de mí, me han maltratado, me han echado agua fría y aquí sigo más fuerte que televisor de geriátrico o que patada de allanamiento. Mis tripas crujen, en entrenamiento habíamos aguantado hambre, ya sabía lo que era eso así que me dediqué a pensar en otras cosas. Por ejemplo en los clientes raros del bar. Una vez llegó un hombre de aproximadamente de vienticino años, yo estaba acostumbrada que mientras más rápido terminaran más pronto me desocupaba y podía ocultarme un rato. Era un hombre muy guapo, muy bien vestido. Como a todos los hombres lo primero que deseaban era ver nuestro cuerpo, me desnudé, pero esta vez este hombre observó mi cuerpo y dij

