Mientras que ella imploraba al cielo que ese hombre la llevará a casa, su corazón latía a toda prisa. No quería ni voltear para ver si aquel sujeto seguía acosándola, esperaba que no. Contaba con que se hubiera ido para cuando Adriel la acercará a casa. Sin embargo, si él le decía que no, no sabía que iba a hacer para no morir en el intento de regresar a su hogar. —De acuerdo, te llevaré hasta tu casa. Ofelia soltó el aliento, se sentía aliviada de no tener que regresar sola. Era una suerte que él estuviera en la construcción a esa hora de la noche. Si no hubiera estado, quien sabe que fuera de ella. —Muchas gracias. —Déjame terminar aquí, y te acompaño —Ella lo ve alejarse y se fija en esa enorme espalda, tan ancha y varonil. Luego parpadea reiteradas veces, fijándose en el resto de

