El hombre volvió a lanzar una risa ahogada. Buscó en su bolsillo con lentitud y sacó una bolsa de polvo grisáceo. —Esta mierda—dijo—, es mejor que cualquier analgésico que le hubieran dado jamás en un hospital, permítame que le diga. Lo estuve esnifando sin parar desde que estuve aquí abajo.—Esta vez la risa fue más sonora, casi estruendosa.—Me siento malditamente bien. Le extendió la bolsa a Todd: —¿Quiere un poco? Todd negó con un movimiento de cabeza: no iba a tirar a la basura todo un año libre de drogas a cambio de esta cosa, no importaba lo maravillosamente bien que según afirmaba este tipo lo haría sentir. —¿Qué tiene de malo? No me parece que usted planeara vivir mucho más tiempo de todos modos. Bien podría irse sintiéndose en la gloria. —¿Qué es? ¿Cocaína? —La cocaína no ti

