14 de junio de 2045. Cerró su computadora que estaba frente a mí y una extraña expresión se apoderó de su rostro; me era difícil leer lo que escondían esas facciones, lo cual me resultaba extraño ya que a lo largo de este tiempo me había convertido en una experta para descifrar las emociones humanas, era una ironía que este talento lo haya descubierto hasta ahora y no en mi juventud cuando era una causa perdida. —¿Qué pasó después? —La miré sin comprender hacia donde iba su pregunta. —Sebastian murió. Ese fue el final —la incredulidad deformó el perfecto rostro de Maggie, ahora entendía sus expresiones de hace un momento. Ella deseaba saber más sobre el libro que estaba escribiendo. —¿Qué sucede? —No puedes hacer esto —ella se levantó de su asiento provocando que el smoothie que bebía
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