Un atisbo de angustia acaparó mi pecho, la sola idea de que en el corazón de Sebastian siguiera presente el recuerdo de Lily, pero ¿quién soy yo para exigirle que aparte de su corazón a quien en verdad amó? Que paradoja del destino, destinada a estar presa a los sentimientos más puros y a la vez viles por el simple hecho de no ser correspondida; sin embargo, todavía tengo su carta, esas líneas que expresan la más pura pasión que se le pude ofrecer a una dama. Estaba enloqueciendo. Decidí alejarme de aquel insípido baile cuyo fin solo era conseguir comida fresca para Ania. No tenía nada que hacer ahí. Subí las escaleras con la única finalidad de regresar a mi habitación; pasaba más de la media noche y los pasillos de esta casa eran escalofriantes y fríos, una ráfaga de aire me envolvió;

