El roce del viento en mis mejillas me envolvió en una sensación de libertad que no había experimentado desde hace días. Mi cabello trenzado se movía al compás del viento mientras mis ojos admiraban la belleza de los territorios del conde Vladimir. A mi lado cabalgaba Hazel y unos metros atrás nos seguían Claus y Sebastian. —Sígueme —pidió Hazel. —Necesito hablar contigo.—Apreté mis labios y solo me limité a asentir. Seguramente ella había sido testigo de aquella cortesía por parte de Sebastian, lo podía ver en su mirada así que no iba a negarle el placer de enfrentarme cara a cara. Llegamos a una colina, la cual dejaba a la vista una hermosa visión de todo el bosque, justo en la orilla Hazel me esperaba aun montada sobre Cleopatra. —¿De qué querías hablar? —Fui directo al grano. —Ere

