Miriam con mucho esfuerzo aventó la puerta que le mantenía inmóvil, utilizó fuerza salida de su desesperación por saber de su familia y deseo de respirar. Aunque elegió ese momento después del repentino silencio intuyendo que el agresor se había ido. Al quitarse la puerta de encima lo primero que hizo fue voltearse boca arriba extendiendo los brazos sobre el piso y su espalda recta para sentirse aliviada. Arrastraba sus pies que aún debajo de la puerta para sacarlos de ahí. Cuando lo logró generó un leve ruido al impactarla en el suelo. Después de eso trato de girarse lentamente para no lastimarse más las heridas que tenía en la rodilla, pecho y espalda. El dolor era muy severo y aumentaba con cada movimiento que hacía aún mínimo que fuera. Su voz no generaba palabra alguna, únicamente

