El hospital era un lugar muy luminoso, estaba cerca de una ventana que recibía directamente los rayos del sol a esa hora del día. Los trabajadores como siempre estaban bastante movidos atendiendo a todos los pacientes que se internaban ahí. Maria era el nombre de la enfermera que estaba a cargo de los cuidados para Míriam quien hacía tres días había llegado ahí. Despertaba en pequeños lapsos de tiempo solo para suplicar y pedir por su vida y familia de manera inconciente. En algunos momentos de más lucidez comía un poco pero no como debería ser. La mayoría del tiempo la había pasado dormida pero eso no significaba que le diera tranquilidad, todo el personal médico y los propios compañeros veían con mucha compasión como de quejaba dormida y mostraba un amplio dolor en casi todo el tiempo.

